No es la primera vez que tengo esta sensación de haber tocado fondo. Ya con las decisiones tomadas respecto a mi vida profesional, empiezo a sentir inquietud por todo lo demás, por los afectos bonitos y sinceros que he dejado de lado, por mi familia, que no merece tanta desatención, sólo porque estoy nuevamente “emperrada”. Me siento un asco.
A veces uno tarda un poco en reconocer lo que está buscando en las demás personas. Yo ya he tenido suficiente de engañarme y seguir con el cuento este del desinterés total por la vida y el amor. Sobre todo porque, a estas alturas de mi edad, vivir ya cuesta mi trabajo, mi inversión y mis buenos hábitos.
Demasiados excesos en pocos meses. ¿Para qué? Para darme cuenta que aún no ha dejado de dolerme el chico aquél de quien he hablado varias veces aquí (sí, "Daniel"). Afortunadamente, este estado de cojudez crónica no ha afectado (o infectado) aún mis planes laborales. Todo el desmadre de fin de año va más con súplicas internas de independencia, que ya llevan varios meses rompiéndome el coco.
Las mujeres... Siempre esperamos más de lo que tenemos, siempre estamos a la expectativa de que tal o cual amante responda como un hombre cabal a nuestros requerimientos. Pero no, pues, si algo empieza divertido y a la ligera, más vale que siga y termine así. Cualquier intento de transgredir esa clara norma de vida relativa, te costará el corazón... ¿Es tan difícil de entender?
¿Y para qué jugar tanto, si a fin de cuentas, ni siquiera olvidas a ese novio a quien quisiste con toda tu alma, pese a que él ya te olvidó? Lo único bueno es que ya sabes que no te haría bien seguir con él, ni volver a estar con él ahora. Es un punto a considerar, una luz de cordura entre tanto desorden (algo es algo).
El sexo es una complicación. Cagar, fumar, leer o comer al menos no traen consigo crisis emocionales, ni tienes que abrazar a nadie antes de dormir, ni te piden mejor trato, ni te sacan celos, ni terminan y vuelven, ni nada.
Siento que el peor sacrificio que se puede hacer al optar por dar vacío, es resignarse a recibir vacío. No amar, para que no te amen. Es así, es lo justo. ¿Me molesta? No, pero me cansa. Me cansa, pues, pese a todo lo escrito, aún no soy de hierro, aunque voy por buen camino. Aún me emociono, me conmuevo, tengo consideración, procuro no herir... ¿Serán reminiscencias de mi antiguo yo, de la “buena chica” que antes no escribía en este blog?
Ya no sé si ésta es una crisis de ansiedad o aburrimiento. Leo el post anterior y me refiero de un modo tan bonito a alguien que sigue pareciéndome tan como describo allí, y sin embargo... No sé, me ha hartado todo, debe ser que estoy empachada de tanta comida y tanto trago, fiestas de fin de año, decisiones y de que todas mis amigas más cercanas estén en España, o con la novia, o en trabajos lejanos. Al carajo.
Esta mañana, llegando a la oficina, me sonrió una putilla...
A veces uno tarda un poco en reconocer lo que está buscando en las demás personas. Yo ya he tenido suficiente de engañarme y seguir con el cuento este del desinterés total por la vida y el amor. Sobre todo porque, a estas alturas de mi edad, vivir ya cuesta mi trabajo, mi inversión y mis buenos hábitos.
Demasiados excesos en pocos meses. ¿Para qué? Para darme cuenta que aún no ha dejado de dolerme el chico aquél de quien he hablado varias veces aquí (sí, "Daniel"). Afortunadamente, este estado de cojudez crónica no ha afectado (o infectado) aún mis planes laborales. Todo el desmadre de fin de año va más con súplicas internas de independencia, que ya llevan varios meses rompiéndome el coco.
Las mujeres... Siempre esperamos más de lo que tenemos, siempre estamos a la expectativa de que tal o cual amante responda como un hombre cabal a nuestros requerimientos. Pero no, pues, si algo empieza divertido y a la ligera, más vale que siga y termine así. Cualquier intento de transgredir esa clara norma de vida relativa, te costará el corazón... ¿Es tan difícil de entender?
¿Y para qué jugar tanto, si a fin de cuentas, ni siquiera olvidas a ese novio a quien quisiste con toda tu alma, pese a que él ya te olvidó? Lo único bueno es que ya sabes que no te haría bien seguir con él, ni volver a estar con él ahora. Es un punto a considerar, una luz de cordura entre tanto desorden (algo es algo).
El sexo es una complicación. Cagar, fumar, leer o comer al menos no traen consigo crisis emocionales, ni tienes que abrazar a nadie antes de dormir, ni te piden mejor trato, ni te sacan celos, ni terminan y vuelven, ni nada.
Siento que el peor sacrificio que se puede hacer al optar por dar vacío, es resignarse a recibir vacío. No amar, para que no te amen. Es así, es lo justo. ¿Me molesta? No, pero me cansa. Me cansa, pues, pese a todo lo escrito, aún no soy de hierro, aunque voy por buen camino. Aún me emociono, me conmuevo, tengo consideración, procuro no herir... ¿Serán reminiscencias de mi antiguo yo, de la “buena chica” que antes no escribía en este blog?
Ya no sé si ésta es una crisis de ansiedad o aburrimiento. Leo el post anterior y me refiero de un modo tan bonito a alguien que sigue pareciéndome tan como describo allí, y sin embargo... No sé, me ha hartado todo, debe ser que estoy empachada de tanta comida y tanto trago, fiestas de fin de año, decisiones y de que todas mis amigas más cercanas estén en España, o con la novia, o en trabajos lejanos. Al carajo.
Esta mañana, llegando a la oficina, me sonrió una putilla...


Debo deshacerme de un “demonio” llamado Daniel, o no podré estar contenta conmigo misma. No me malentiendan, no lo añoro como amante o “novio formal”, no quiero tenerlo ahora mismo a mi lado. Es sólo que se trata de mi único referente de relación “larga, bonita y normal". Además, es el único chico a quien he amado (y él lo sabe).