
Él duerme. Él es tal vez una de las criaturas más adorables que he conocido. Mis amigas no pueden creer que he logrado enfurecerlo un par de veces. Tengo esa particularidad y no me enorgullece, pero ahí está.
Desde esta ventana se ve mi antiguo departamento, ese sitio donde estuve sola durante tanto tiempo, aún casi viviendo con mi novio de entonces (digo casi, porque él casi siempre tenía que ir a dormir a casa de sus padres, para no dar que hablar). Ahí acabé de perder mi autodominio, tuve mis primeros orgasmos a dúo y dejé atrás la virginidad, en todas sus manifestaciones físicas y religiosas.
Si saco cuentas, veo que ya ha pasado más de un año desde entonces. Luego, que he tenido cuatro parejas sexuales en menos de un año y aún conservo a uno de ellos. Vaya, ni yo me lo hubiera creído alguna vez.
Sigue durmiendo. Afortunadamente, luce mayor que yo, pero es un niño... Un niño-hombre precioso, dulce. No más pervertido que otros alrededor, tal vez más descarado. Conserva en su computadora personal fotos de una ex novia a la que aún quiere, a quien tal vez recupere cuando regrese a su sitio. A veces duele en mi orgullo de hembra, a veces duele en el corazón. Pero da igual, no es el único aquí que carga el pasado a cuestas, y a mí, manifiestamente, me pesa más, quizás porque toda esperanza al respecto ha muerto.
Pensaba, antes de llegar a casa, qué se sentirá estar enamorada. La verdad es que no lo recuerdo con claridad, es decir, no recuerdo esa clase de amor que a uno le hace perder la cabeza e idealizar al otro de manera irremediable. A mi niño lindo no lo amo de ese modo, pero sí lo quiero muchísimo. Sin embargo, noto esa barrera endurecida en mi pecho, que no me deja ir más allá, inventar expectativas engañosas, que aunque sean reales intenciones ahora, acabarán por hacer daño.
En poco tiempo nos separaremos. Es justo y necesario, es lo correcto desde el principio, es lo único claro a futuro. Una relación sin futuro... Como todas, a fin de cuentas, ¿o es que alguien conoce el futuro? De todos modos, no vale la pena sufrir la pérdida por anticipado, y tampoco vale la pena hacerse de una mitad huidiza que, en poco tiempo, nos dejará incompletos. No, pues, no vale la pena.
La brisa de verano apenas si acaricia mi piel desnuda. Este cuerpo dista mucho de ser bonito, pero se ve bien con determinada ropa y si meto un poco la pancita. Mi cara sí es bonita y, pese a habérseme opacado la mirada durante los últimos meses, pocos pueden adivinar detrás de mis ojos las aventuras y tristezas que relato en este blog.
Cuando llegué aquí, no podía evitar mirar por esta ventana mi antiguo departamento. Ahora, la verdad, me importa poco. Prefiero sonreír y abrazar con cariño a mi niño, pues, aunque sea una nube ilusoria, es real en mi presente, y son reales sus caricias, atenciones, compañía y besos. No sé lo que somos... Amantes, sí, pero ni eso. No tenemos definición y eso me gusta más. Tal vez a Dios le incomode esta situación, pero de todos modos le agradezco habérmelo puesto en el camino. Es bueno, aunque a veces me haga doler la cabeza.
He sentido miedo las últimas semanas. Cambios, los cambios siempre me dan miedo. No sé qué será de mi vida los próximos meses, sólo sé que perderé a mi niño, aunque la amistad forjada entre caricias irracionales ha de mantenerse, hasta aburrirnos de prometer vernos y nunca conseguirlo. Así es la vida.
De todos modos, son muchas más cosas las que me dan miedo ahora, pero muy largas para comentarlas aquí.
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Despertó un poquito y me dio un beso en la espalda. Luego volvió a dormir. Creo que yo también debo dormir, o no rendiré gran cosa en el trabajo, mañana. Hace calor. A apagar todo y en el nombre del Padre...
Despertó un poquito y me dio un beso en la espalda. Luego volvió a dormir. Creo que yo también debo dormir, o no rendiré gran cosa en el trabajo, mañana. Hace calor. A apagar todo y en el nombre del Padre...
4 comments:
Que nostalgia tan profunda siento en tus palabras, hay una conjunciòn de tristeza y agradecimiento, pero de tranquilidad tambien, a pesar de los cambios que ya llegan a tu vida.
Envidio la suerte que tienes de compartir tu cama con alguien que te quiere, que quizàs no te ama pero que te quiere, aunque tenga que irse; hace tanto que mi cama esta vacìa que ya ni lo recuerdo, hace tanto que solamente las sombras de mi mente me hacen compañìa.
Quisiera decir mas pero prefiero quedarme callado.
Nos leemos.
Amantes, errantes, pasantes...no importa lo que sean, sólo sean y como dice una canción de Spinetta: dale luz al intante.
Saludos.
Muchas gracias, colegas bloggers...
Ya le he dado luz al instante y me siento feliz.
Un abrazo.
No te preocupes, el destino encausa todo como un río.
Odio la idea de dejar todo al random, pero es asi.
Es más buscaba una canción de Spinetta y caí aqui, y leer jutamente mi situación reflejada en lo que te pasa me parece de lo mas randmom y predestinado.
No te preocupes por el niño
ahh
Y el amor no tiene definiciones ni códigos, no necesita que a tu ninño lo caratules.
Cuidte y amalo
Suerte en el camino que tomes
Belenchus!
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