Sunday, April 01, 2007

Fiesta


Una vez decidimos pasar año nuevo en la playa, una playa bonita, famosa por la gran afluencia de turistas extranjeros y las enormes oportunidades de ligar con diferentes personas, durantes dos días seguidos.

Mi “enamorado de turno” era el más entusiasmado, quería conocer el lugar bajo cualquier circunstancia y me animó a acompañarle. Conseguí contactar con un amigo y su novia, pues me daba miedo ir sola con él… ¿Por qué? Bueno, porque él no era mi “novio propiamente dicho”, pero yo lo quería mucho y me daba la impresión de que en un lugar tan “libertino”, como nuestro destino, él podría irse por ahí, detrás de alguna rubia (porque le encantan las rubias, al punto que hasta ahora no sé qué carajos hacía él conmigo), dejándome no sólo con el corazón roto y los reproches aguantados, sino además, en completo ridículo.

Él intentó convencerme de que no haría nada que me hiciera daño, y me pidió que yo tampoco lo hiciera. Sin creer mucho en ello, me lancé al ruedo (pese a la advertencia de un par de buenos amigos). De todos modos, dudé hasta en el bus. Mi olfato de bruja frustrada no me daba buenos augurios, sabía que sufriría, pero intenté dejar la predisposición a un lado y pasármelo bien, como arengaba “mi chico” una y otra vez.

Fuimos, pues. El viaje fue bastante largo y cansado, pero llegamos a buena hora, para instalar nuestra carpa y salir a dar algunas vueltas por el pueblo.

Hacia el atardecer, que no fue de los más bonitos que he visto en mi vida, contradiciendo a la Web que los publicitaba de ese modo, conocimos a un hombre mayor y tres muchachos muy joviales y demasiado regios para ser “normales”. Me di cuenta en cinco minutos que habíamos sido acogidos por un grupo de amables gays. Y bueno, está bien, pues. Era aún 30 de diciembre.

Uno de ellos, para salir de dudas, preguntó a mi chico si él y yo éramos enamorados.
El respondió, con vertiginosa rapidez e hiriente desprecio fingido: ¡No, qué va! ¡No somos nada!

Pasé saliva dolorosamente, esbocé una sonrisa de desinterés y dije: Es verdad, no somos nada. Es todo suyo…

Esta respuesta mía fue utilizada más adelante por él como excusa, pues nunca dejó de acusarme de haberle “lanzado al pozo de los leones”.

El más joven e irresponsable del grupo no dejaba de repetirnos que tenía una novia en su ciudad, la chica más bonita, la reina de belleza del lugar. Tampoco se cansaba de contarme sus historias amorosas con hombres que lo habían tratado mal. Acaparó inmediatamente a mi chico, quien, alagado por la amabilidad y con el ego en la estratosfera, no dejaba de corresponder a sus atenciones.

Yo me fui haciendo a un lado poco a poco… De vez en cuando, los otros dos chicos jóvenes, Giovanni y Juan Manuel, se acercaban un poquito a mí, para que no esté sola. Ellos entendían la situación, pero no les dije nada. No tenía derecho a decir nada, ¿total? Mi relación con aquel chico no era una relación, no tenía derecho a quejarme siquiera.

Así fueron avanzando las copas y la noche. Por algunos minutos, el gay jovencito se acercó a mí, para contarme de sus penas amorosas. Le aconsejé como mejor pude, le brindé un abrazo y compresión. Una vez que se sintió mejor, volvió tras mi chico. A esas alturas, el alcohol ya me tenía un poco anestesiada y sentía menos dolor.

Tuve ganas de bailar y les pedí ir a una fiesta. Había un rave cerca. Entramos. Hicimos grupo, nos la pasamos genial. Los tres chicos bailaban excelente, era como ser la reina del grupo. Pero…

Fin de año no es una buena fecha para mí, hay recuerdos que debo respetar y oraciones por elevar, que siempre pasan a segundo plano. Eso, más ver cómo mi chico me ignoraba, me estaba destrozando el pecho. Salí un momento, él fue tras de mí, para decirme que no era ese un buen momento para estar triste, que debía disfrutar, que luego hablaríamos. Y quedejara de preocuparme, pues él no me haría daño… Pero, eso sí, me pidió que sigamos sosteniendo que no pasaba nada entre nosotros pues, de todos modos, se notaba que sí.

Volví y fue lo más estúpido que pude hacer. A esas alturas, el joven gay se lanzaba más abiertamente a mi buen compañero, y éste seguía acogiéndolo. Llegado un momento, los otros chicos del grupo ya estaban tan fastidiados como yo y trataban de animarme. Salimos de ahí, rumbo a una nueva fiesta.

Y… había olvidado mencionar qué pasaba con mi amigo y su novia. Ellos desaparecieron un rato, luego volvió él solo, muy borracho. Cuando le conté lo que pasaba, me dijo: está bien, mi chola, todos somos libres aquí. De inmediato, me propuso tener algo conmigo y con mi chico… Mi chico escuchó sobre la posibilidad de un trío y me dijo: ¡Claro, si tú quieres, a mí me gustaría!

En ese momento, me caí del todo. Decidí irme. Algunos fueron tras de mí, para convencerme de volver, pero no quería, no podía. Deseaba estar sola y escuchar los consejos del mar, quien desde el momento de verme, me venía repitiendo: deberías estar en casa, mi pequeña. Deberías estar en casa.

Mi chico fue detrás de mí, para pedirme que pensara en los consejos que él me dio, que no debía malograr los momentos divertidos, que tal y cual. Le dije: no mereces nada de lo que he hecho por ti. Respondió: ahí ya la cagaste. Y se fue.

Caminé sola por la playa, un rato, cual autómata. No tenía sentido alguno estar ahí, pero yo me lo había bustado, así que tendría que aguantarlo, sin más.

Luego, entré a la carpa, y dormí mal una hora, o menos. Desperté porque oí gente llegar al sitio. Eran él y el gay jovencito. El muchacho le pedía insistentemente ir hasta su sitio. Mi chico, con mucha diplomacia, le decía que no, que después. El joven insistía más, mi chico, “para darle algo de gusto”, lo besó… Lo besó varias veces y luego le dijo: si ella me manda a la mierda, voy a tu carpa.

Mis ojos, totalmente abiertos. Las lágrimas, una tras otra, tras otra… Yo, totalmente muda. Él entró, me abrazó por la espalda y me dijo: eres una terca. Luego, se durmió.

...
Al día siguiente, desperté con náuseas. Corrí hacia el mar y vomité el trago y la amargura que me quemaba el pecho, pero no salió por completo.

De regreso, aún sin ser capaz de abrir la boca y de borrar de mis ojos la sorpresa y el dolor, encontré a uno de los chicos mayores, quien, al verme, agachó la mirada, y me dijo: entonces… ¿tú también sabes lo que pasó en la madrugada? Nuestro compañero nos ha contado que estuvo con tu amigo en la playa y… lo siento, lo siento de verdad. Tú has sido amable, nos acogiste con cariño a todos y este imbécil…

Yo le hice un gesto de silencio. Sonreí. Le pregunté si ya se iba. Respondió que si. Le pedí que me esperara. Entré a la carpa, sin ser capaz de mirarlo siquiera, allí, durmiendo su resaca. Saqué mis cosas con la mayor rapidez que pude y dejé el lugar por algunas horas.

Pero volví. Encontré a Giovanni en el campamento y me acompañó el resto de la noche. De todos modos, era año nuevo. Un rato después, hallé a mis amigos y a mi chico. No le saludé y él tampoco a mí. Estaba “ofendido” porque me fui sin darle explicación alguna y no podía imaginarse qué me había hecho largar de ese modo.

Luego de los abrazos por año nuevo, apareció el gay joven, súper amigo de todos. Yo, ni siquiera podía mirarlo, pero tampoco reclamar. Se llevó a mi chico, para que le acompañara al campamento. Antes de que se fueran, lo llamé a un lado y le dije: si van a agarrar otra vez, procuren que yo no los escuche ni los vea, como sucedió anoche.

Él, casi de un grito, me dijo: si ese era tu problema, debiste hablar y averiguar bien cómo sucedieron las cosas…

Confieso que nunca nadie me había humillado de ese modo, ni dejado tan rota. Quería morirme, quería matarlo, quería estar en otro lugar, con amigos que no tuvieran ganas de tirar conmigo, lejos de ahí.

Da igual lo que ocurrió luego. Él me dijo que en la playa no había pasado nada y el gay joven admitió que presumía, nada más. De todos modos, quedaron como “amigos para siempre” y se despidieron con abrazo. Gionvanni, mi ángel, siempre a mi lado, siempre abrazándome y repitiéndome que merecía más que a un inmaduro incapaz de respetarme.

Sin embargo, yo seguí allí. Él me trató con indiferencia toda la noche, pero disfrutó de la fiesta, de los “patas de juerga” y del trago. Yo, toda una reina, con muchos tipos y tipas tratando de ligar, y otros tantos, sintiéndose contentos por haberme conocido. Pero no había consuelo.

Intenté una revancha. Un estadounidense del grupo me invitó a “tomar desayuno”, y nos fuimos tomados de la mano. Sí pues, desayunamos, y luego quiso continuarlo en su hotel. Nos dimos algunos besos, pero nada, no pude más. Me voy a mi carpa. Sí pues, a verle la cara a ese imbécil. Gracias, pero no.
.
Llego el momento de “hablar” del tema. Me gritó. Debí pedir perdón por haberme ido sin avisarle, por no haber conversado de lo que pasaba, por haberlos instigado para ir a aquel “rave” (porque, si recuerdan bien, eso fue idea mía), por haber dicho: “no, no somos nada, es todo suyo”, por casi haber “cagado” el año nuevo, en fin… pedí perdón por todo y nuevamente debí mendigar un beso. ¿Por qué?

Espero encontrar a alguien que no me haga pasar por eso jamás.

Él y yo seguimos nuestra historia. Sin embargo, recuerdo que en una discusión, posterior, él me dijo que no se le había pasado mucho “lo que hice” en la playa, sólo que concilió rápido las cosas para seguir contentos el viaje.

¿Por qué una mujer puede llegar a ser tan imbécil? ¿Por amor? ¿Por emperramiento? ¿Por falta de autoestima? ¿Por miedo a estar sola?

La vida tiene subidas y bajadas. El chico de mi historia es uno de los hombres que más he podido querer en mi vida y con quien he pasado muchas cosas buenas y bonitas. Sin embargo, sigo sola. Y la experiencia no sirve de nada, pues la oportunidad que querías, ya se fue.

Sólo un consejo: nunca te obligues a soportar cosas que te hacen daño. Quien te quiere, debe entender tu crianza, tus costumbres y tus principios. El juego de ceder es recíproco, o no vale la pena. Búsquense un novio que pueda asumirlo, que no sea tan diferente en su forma de pensar, que no avasalle con “su verdad”.

Por favor, no se sometan a este tipo de humillaciones, no es justo, nadie se las merece. Les prometo que luego, aunque superen el dolor, quedan los demonios. Y no es algo bonito para cargar, no lo es.

7 comments:

Danno said...

Leí tu escrito y no dejé de recordar mi historia, ocurrió lo mismo, pero ella manejó el amor que le tenía de la forma más vil siempre acomodando las situaciones y las palabras o acciones que yo decía a su favor. Tienes razón, quien te ama nunca te hará sufrir y te comprenderá.

Carlos said...

Libro virtual Seductiva Mente. La seducción es un juego de la mente. Así que juega con tu mente... y con la de los demás.

Puedes bajarlo en
http://perso.wanadoo.es/ddragon/seductivamente.zip

Link interesante sobre seducción en
http://www.personal.able.es/cm.perez/estsexo.htm

y lista de correo en
http://es.groups.yahoo.com/group/elartedelaseduccion/

Malu said...

Sí pues... Es muy triste que hayan personas que, por un desmedido afán de autosatisfacción y placer, vayan por ahí imponiendo sus ideas, sin tener en cuenta que con eso pueden hacer daño a las personas que están a su alrededor... ¡Personas que los quieren, que es lo más terrible!

En todo caso, es bueno también aprender a ser fuertes y rechazar a esta clase de gente, por más "adorables" que puedan verse o por más buenos de corazón que lleguen a ser. Una persona confundida y egoista siempre hace daño.

Quien ama puede equivocarse, pero no hace sufrir a propósito y se esfuerza por conocer al otro, al punto de saber qué comportamientos propios pueden herirlo. Y si los puede cambiar y pulir, pues lo hace, el amor es así...

Gracias por sus comentarios, muchachos. Y por la dirección... A ver si así dejo de pasármela mal y aprendo a "voltear la tortilla".

¡Un abrazo!

RafO said...

asi es , siempre damos demasiado, al final para no ser valorados, no sabes cuanto tu historia real ono real me ha gustado eh identificado .. naddie nos debe hacer kakita-- valemos muxO. y si nunka llega al caraxo!

pretendes said...

Cierto es que el pata se comporto mal contigo, pero, cierto tambien es que el lo hizo porque tu se lo permitiste. Creo que la vida llega a ser compleja en la medida que la queremos hacer. He pasado cosas similares pero no iguales a tu experiencia. Mi unico consejo seria que nunca dejes de expresar lo que sientes y se clara y concisa en tus pretenciones. Tu error fue pensar que el pata iba a sentir igual que tu, que decir que no estaban juntos era de la boca para afuera, solo para los demas y que dentro de sus corazones, como un secretito, el amor era claro entre los dos... para mi ese fue el error. Entre dos personas, cuando se quiere una relacion seria, no se puede andar en medias tintas, si realmente no lo quieres asi.
Un saludo

Malu said...

Mi error fue creer que había amor, de cualquier tipo, pues el amor siempre trae consigo una cota importante de respeto. Pero no, pues, no lo había. Reconozco que todo esto que ocurrió fue porque yo dejé que así fuera. Por eso mismo pido, al final de mi post, no dejarse hacer cosas así, NO DEJARSE.

Gracias por tu comentario.

BLUEEVANGELION said...

Cuando alguien no te quiere..no te quiere..y ya. No se dara cuenta de pronto de lo maravillosa que eres, ni de pronto se despertara descubriendo que te extraña no se por que, ni pensando en ti..quien no te quiere, no te quiere y cuesta dominar los sentimientos por esos canallejos pero al final no hay otra ..