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"Cruditos"
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Un viejo amigo, al enterarse de mi última relación, me dijo, sin pensarlo mucho: “O sea, después de este extranjero, tú no volverás a estar con un peruano, ¿verdad?” Yo contesté, casi también sin pensar y, por supuesto, exagerando: “No, querido. Después del último piurano con el que estuve es que no volveré a relacionarme con un peruano”.
Muchas veces me han recitado la vela verde porque no me consigo un “peruanito lindo que me quiera mucho”. Yo, ante eso, no sé qué responder. Hablando de una sencilla atracción física, me gusta la gente de piel más clara que la mía, no lo voy a negar. Hormonalmente, en cambio, he sentido atracción loca por el vampiro Louis (la primera vez que vi a Brad Pitt en una película, pálido como un muerto) y Densel Washington.
Los rasgos rudos de la mezcla “indígena sudamericana” (a la que pertenezco), también me parecen preciosos, tanto en hombres como en mujeres. De hecho, creo ser de las pocas defensoras de la belleza propia de cada grupo mestizo, en este país mayoritariamente racista y despectivo por ignorancia.
En un plano más íntimo, pero aún físico, me gustan los hombres delgados, con masculinidad disimulada, que quedarían bien dentro de un vestido. Culpa de la música ochentera que escuchaba mi padre, y portadas de discos con el hermoso David Bowie, el rebelde Billy Idol, el tiernísimo John Bon Jovi y otras estrellitas estilizadas que estaban de moda por entonces. La imagen del “hombre limpio con cabello corto” estuvo siempre muy lejos de mi ideal de belleza masculina, y sigue estándolo, aunque ya no me causa mayor problema.
Ahora mismo, el “hombre más guapo del mundo”, para mí, es el delgadísimo y blanquísimo Ville Valo, de HIM, entre otras cosas, porque se parece a mí. Pero todo esto no es más que fotos en la pared.
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Hasta aquí, lo superficial, y todos de acuerdo, porque nadie es quién para discutir los gustos de las demás personas.
En cuanto a formas de ser, pues…
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Centro
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Uno de mis ex novios tenía la capacidad de caer bien a todos, especialmente a las personas más sencillas y de un modo muy natural (tuve otro que se esforzaba por “caer bien”, porque su autoestima alicaída no le dejaba otra opción para vivir relativamente feliz).
Ambos trabajamos juntos un tiempo, en la montaña, y me gusta recordar cómo los campesinos se despedían de él con cariño, aún casi con lágrimas.
¿Qué hacía? Escucharles, sorprenderse, aprender de ellos y tener mucha paciencia para enseñar.
Además, se llevaba bien con mi gente más “radical” (entre las que podemos contar a mi mejor amiga), sin creerse mejor, ni peor. Simplemente, vivía tranquilo brindando comprensión y un afecto sólido, de esos que no se rompen pese al tiempo.
Pero bueno, es un ex. Suele pasar que los hombres “buenos con el mundo” no son necesariamente los mejores sujetos con sus chicas…
De todos modos, ese corazón enorme y mucho desprendimiento son características que considero importantes, a la hora de escoger.
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Compromiso
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No quiero casarme aún, ni quiero un novio que pida mi mano. Sencillamente, me gustan los hombres que no supeditan su querer a las circunstancias, sino que sobresalen de ellas, por el amor y la valoración que tienen de la otra persona.
Esto podría parecer un síntoma grave de romanticismo, pero no es tal. Para sobresalir a las circunstancias, hay que poner los medios adecuados, hay que esforzarse un poco, hay que estar por encima del tiempo y del espacio, hay que saber aplicar todo lo que tenemos de “seres inteligentes” para que la corriente no nos lleve a su voluntad.
Esta actitud debe sostenerse, debe estar basada en una elección firme, que sólo puede hacerse con un corazón fuerte y maduro.
Un corazón fuerte y maduro… a la vez libre y comprensivo. Difícil en estos tiempos, donde los chicos se creen adolescentes hasta los 28 años, y a los 35 quieren casarse con niñas de 20.
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Inteligencia/Trabajo
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Me resulta importante que tengan una carrera universitaria en ejercicio y en constante superación. Si no han ido a la universidad, por lo menos que traten de ser los mejores en su oficio, no por competir, no por “encajar”, sino porque me gusta la gente que es feliz con lo que hace, pues, por eso mismo, trabajan con cariño y mucho mejor.
Sin embargo, ya deben estar asentados en una labor, no en proceso. He amado a hombres “en proceso” y es difícil conseguir que entiendan las necesidades, los afectos y los problemas de una persona que ya trabaja. Son mundos diferentes aún. Pueden ir en paralelo y chocarse de vez en cuando, pero seguirán en planos distintos.
Alguien que trabaja y ve por su vida, ha aprendido a hacer pequeños sacrificios en pro de su superación y su responsabilidad. Ha aprendido a estar completamente solo algunas veces, ha aprendido a privarse de una fiesta porque tenía necesidades más importantes, sabe que hay días malos por culpa de un jefe antipático, y sabe mirar con cariño al jefe de marras, porque, a fin de cuentas, es su superior y es quien, de un modo u otro, le hace posible comer diariamente.
Quien trabaja, ha aprendido por sí mismo a controlar su lengua y a “sufrir de la mejor manera posible”. A quitarse el estrés los fines de semana y acostarse temprano el domingo, porque el lunes debe empezar otra vez. A madrugar, no por un examen, sino porque quiere adelantar cosas, para tener luego más tiempo libre. A hacer buenos amigos entre el cafecito a media tarde y algún cigarrillo en la oficina. En fin… a ser útil, a tener poco tiempo, a administrar su propio dinero y a vivir como “adulto”, que será lo que le toque hacer el resto de su vida.
Quien aún no trabaja, podrá imaginárselo, podrá creer que sufre la falta de dinero en casa, podrá creer que ahorra juntando sus propinas. Pero no sabrá entenderlo, hasta que no lo viva en su propio pellejo. Y tampoco podrá entender bien a quien ya esté metida en el tema, aunque sea su novia y la quiera mucho.
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Confianza
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Sé que soy exquisitamente atractiva, pero eso no quiere decir que tengas que quedarte conmigo en la fiesta hasta las seis de la mañana, sólo por “cuidar de mí”, o llevarme a casa temprano (y tú volver a la reunión) porque “una señorita no debe quedarse hasta tan tarde por la calle”.
Sé que te cuesta en el orgullo decirme lo que te hace sentir mal el día de hoy, pero te agradezco que cuentes conmigo para ayudarte a resolver aquellos problemas que te agobian, y que me hagas partícipe de tu vida.
Sé que sabes que estaré contigo para acompañarte si caes, aunque no quieras hablar del tema.
Sé que estarás ahí para sostenerme si desfallezco, aunque no consiga darte detalles claros de lo que me duele en este momento.
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Valoración
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Podría estar con cualquier otro, al igual que tú podrías estar con cualquier otra. Pero yo estoy contigo y tú estás conmigo. Entiende que no me eres imprescindible, que tengo capacidad para relacionarme con quien yo quiera, que puedo estar en este preciso momento haciendo otras cosas, que tuve y tengo opciones, que no limitas mi universo. Sin embargo, te quiero, me gusta hacerte bien a ti y no a otro, y me haces bien.
Muy importante: entiende esto que te digo y guárdalo en tu corazón. No me lo eches en cara, no necesitas recordarme que podrías irte cuando quieras, pero no lo haces porque estás enamorado de mí. Hay cosas que deben saberse, pero no deben decirse, porque dichas, duelen.
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Propiedad
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Cuando estuve con el chico de mi ciudad natal, parecíamos siameses. Él quería ir conmigo todo el tiempo de la mano y llegaba a quejarse si no se la apretaba un poquito o disminuía mi fuerza. A veces, yo no quería ir de la mano con él. Lo acepto, es lindo, es bonito, pero muchas veces innecesario.
Antes, poco había participado del código aquél que te hacía “ser pareja”. Tomaba de la mano a mis compañeros (y compañeras) cada vez que quería, los besara o no. Para mí, ir de la mano es un signo de mucha confianza y cariño, más que de “propiedad”.
A veces tengo muchas ganas de tomar la mano del chico al que quiero (o con quien estoy saliendo), pero no lo hago para marcar territorio. Lo hago cuando me nace, cuando deseo acariciar sus deditos o busco un poco de calor. Suelo estar así mucho rato, pero al cansarme, voy por mi cuenta, sin más.
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Soledad
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Me gusta que mi chico me acompañe, ¿a quién no? Sin embargo, hay un nivel de independencia muy alto que siempre quiero ver respetado. Mi personalidad, aunque extrovertida, sufre largas crisis de ensimismamiento. Muchas veces me encuentro escribiendo frenéticamente o hablando conmigo misma en voz alta. Aún no son síntomas claros de esquizofrenia, “no os preocupéis”.
Mis momentos en soledad son muy importantes para mí, pues durante ellos suelo llegar a mis cimas de creatividad, aclaro ideas, historias, rescato mi sufrida autoestima de las llamas del infierno, recobro la armonía, la confianza, la paz, recuerdo a mis seres queridos, les dedico alguna oración, escribo…
En mis caídas depresivas, me viene mejor la compañía de una amiga o alguna miembra de mi familia, que de un novio. De hecho, estando triste, rechazo patológicamente a los hombres (salvo al psicólogo), porque sé que no me van a sacar de ningún apuro. Agradezco la compañía y las buenas intenciones, pero a veces es mejor preguntar: ¿quieres que me quede aquí o quieres estar sola un rato?
Todos los chicos con los que he estado han tenido la mala fortuna de no creerse mis “quiero estar sola”. El ego y un intenso instinto de protección de “su tribu”, les hace pensar que son inmensamente necesarios, sobre todo cuando a las mujeres nos dan esos ataques de llanto y lo único que queremos es quedarnos en la cama, hechas unas pelotitas de nostalgia.
Levantarse de esos estados de idiotez temporal es cuestión de pocos minutos, y de mucha autorreflexión. Es bonito salir a la calle con la cabeza en alto y sonando los tacos, luego de descubrir, por ti misma, cuánto vales. Si alguna persona interrumpe o acelera ese proceso, aunque tenga buena voluntad, las ha fastidiado irremediablemente.
Entonces, ¿qué? ¿Cuándo aprenden los hombres a que a veces DE VERDAD QUEREMOS ESTAR SOLAS? No lo sé con exactitud. Salí con un chico de 33 años que aún no lo veía claro, pero al menos tenía la decencia de desaparecer un rato, sin hacerse muchas bolas. Creo que con la edad, empiezan a entender.
También tuve un novio que quería ser hasta mi instructor de gimnasio… ¡Eso ya es el colmo, pues!
A propósito de la soledad y la independencia, siempre me ha llamado la atención esa frase que canta el reggaetonero que conversa con Don Omar, en “Ella y yo” (no me gusta el reggaeton, pero hay que saber vivir en el mundo, pues): “Ahora sé que me mentía cuando ella me decía que se iba pa’ Puerto Rico de vacaciones con su amiga…”. Yo mato a la mujer que le ponga los cuernos a un hombre local que no se haga problemas porque se va de vacaciones con su amiga… ¿Cómo ser capaz de traicionar tanta confianza? ¿Cómo fallarle a un hombre así? ¡Qué estúpidas son algunas, caray!
Con lo que me gusta viajar sola…
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Protección
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Aquí en Cusco, he conocido chicos que, al verme sola, piensan que tienen todo el derecho del mundo a coquetear conmigo… Pero no sólo a coquetear, sino a cortar las posibilidades a cualquier otro que se acerque. Para colmo, no entienden que no me gusta aguantar sus torpes galanteos, que sólo quiero estar “bien y en paz” con ellos. Debe llegar uno y decir “es mi chica”, para que me dejen tranquila…
Habiéndome “hecho amiga” de un par, veo lo mismo que en Piura: cuando están conmigo, creen que deben “cuidarme”, y esto implica, mirar mal a todo hombre que me mire “raro” , “bloquear” a cualquier otro muchacho que quiera acercarse o ser amable conmigo. Más feo aún: los hombres que están alrededor también se retraen, no se acercan, entienden que no estoy en “su terreno” o, lo que es peor, “que soy de alguien más”.
Es un asunto de idiosincrasia y de sensación de propiedad. A mí, he de confesarlo, no me gusta que mi acompañante coquetee descaradamente con otra chica, si ha salido conmigo. Sin embargo, si el chico es sólo un amigo o conocido, cambio rápidamente de actitud y participo en el “corralito”. En cambio, si se trata de mi pareja, evidentemente ese coqueteo sería una falta de respeto, lo haga él o lo haga yo. No tenemos derecho a hacer sentir mal a nadie, sobre todo si son personas que nos quieren.
Pero cuidarse a ese nivel como pareja es una cosa, y creerse dueño de tu amiga, otra. Personalmente, prefiero que me dejen respirar.
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Modales
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Muchas veces, aquí y en Piura, suelo avasallar a los pobres hombres que tienen la mala fortuna de salir conmigo, en plan “patas”. Me adelanto a pagar mis cuentas, abro la puerta del taxi y levanto las sillas, si hicieran falta en mi mesa. No es por feminismo, ni mucho menos. Es porque mi padre no tuvo hijos varones hasta que yo cumplí 12 años, y me enseñó a andar sola por ahí. A lo que sí no juego es a cargar mucho peso, pues una cicatriz de operación por hernia me recuerda constantemente que tampoco soy tan fuerte.
Ahora bien, si me invitan a salir y no tengo plata, digo: “no tengo plata”. Si aún así me invitan, bien. Tampoco me desagrada que me abran las puertas o me alcancen las sillas (aunque he de reconocer que sí me siento un poco inválida cuando eso ocurre), sino que casi siempre soy más rápida en hacerlo.
Por cierto, yo hago esto todo el tiempo con mis amigas y personas mayores. Siento que es una buena manera de mostrar mi afecto, mi interés y mi consideración, más que una norma de urbanidad.
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Cocina
Me encantan los hombres que cocinan, hacen limpieza y tienen idea de lavar y planchar. No concibo mi vida sin un compañero al lado, con quien pueda turnarme las labores domésticas. Es un punto muy importante que tengo en cuenta cuando me gusta alguien. Casi descarto del todo a quienes no son capaces de hacerlo, pues tras esa desidia hay, casi siempre, una mamá machista.

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Borracheras
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Soy de las mujeres que tienen mucha resistencia al alcohol. No mezclar, comer bien antes, bailar de vez en cuando y estar atenta a la conversación, son las claves para tener una “borrachera digna de toda una dama”. Sólo he llegado a beber hasta quedarme inconsciente con mi ex novio de Piura, con quien, prácticamente, llegué a convivir un tiempo. Creo que mi “vulnerabilidad” se debió a que me puse, literalmente, en sus manos (malo, malo, eso no se hace).
Con esto queda claro que me gusta participar de las reuniones sociales “de los hombres”. Conozco chicas que, mientras sus novios toman con sus amigos, se van por ahí solas. En sus familias, ellas han aprendido a que no deben tomar junto con el enamorado. Ellos, a que “hay cosas de hombres” en las que sus enamoradas no deben participar.
Personalmente, puedo decir que hay conversaciones “de hombres” que me aburren mucho. Además, a veces una salida “de mujeres” es muy reconfortante y divertida. Es por ello que estoy de acuerdo con la independencia de la pareja (mucho respeto mediante), pero también hay cosas que deben ser compartidas, como una buena tranca entre amigos, pues, de otro modo, sólo estamos alejándonos más el uno del otro, y potenciando ideas discriminatorias entre dos personas que deberían ser cómplices y amigos, además de noviecitos de mano o amantes.
Debo agregar que me caen muy mal los borrachos pesados, que te recitan toda su trayectoria profesional, sus complejos, sus afectos y sus capacidades intelectuales, hablándote muy cerca y lanzándote todo su tufo y babas a la cara. Prefiero a los hombres que no caen al beber, más que por resistencia, porque saben hacerlo bien.
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Sexo
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Cuando empecé a tener relaciones sexuales, descubrí que mi novio tenía una extraña manera de reaccionar a mis comentarios generales o referidos al tema, en público. No hablaba yo de mi intimidad, sino de asuntos varios, que podían tocarse en una conversación medianamente alturada.
Por ejemplo, si hacía referencia a temas de concepción, anticoncepción, posiciones, orgasmos, etc., el buen hombre se ponía casi de inmediato a la defensiva, a la espera de algún comentario que le dejara en vergüenza.
Muchachos, salvo que tengamos algún afán revanchista en nuestros corazones, nunca los dejaremos públicamente mal. Sí comentaremos cosas y nos reiremos de ustedes con algunas amigas, pero eso queda entre nosotras. Y entre nosotras también solemos recomendarnos “tácticas” que luego a ustedes les gustan mucho, así que no se quejen, ni renieguen de nuestras reuniones femeninas.
Con el último novio que tuve me pasó algo muy gracioso. Yo le dije, mientras hacíamos el amor: “Me gusta mucho…”. Él, luego de digerir la frase, preguntó: “¿Te gusta mucho hacerlo en general o hacerlo conmigo? ¿O te gusta más hacerlo conmigo que en general?” Por supuesto, me rehusé a responderle, ¡qué pesado!
Los hombres dicen que las mujeres solemos hacernos bolas por todo. Es verdad, todo lo pensamos, lo desmenuzamos, le buscamos hasta el décimo significado y nos ponemos a sufrir, antes de saber realmente qué es lo que está pasando. Es por culpa de la intuición, solemos irnos más allá de lo que tenemos entre manos, no sólo con lo que oficialmente se puede intuir, sino con todo. Es cuestión de experiencia y madurez aprender a controlarlo.
Bueno pues, en lo referente al sexo, son los hombres los que se complican y se lo pasan mal. Es que, ¿quién les ha dicho que deben ser “lo máximo” en esto, para ser hombres de verdad?
Entiendan que la satisfacción femenina (de sus novias, porque en el “choque y fuga”, la cosa cambia), en una simple y llana relación sexual, depende hasta de cómo se despidieron de ellas el día anterior, no sólo de una performance de 20 minutos (contando previos) en la cama.
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Humildad
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Si crees que eres tu propio dios, ve y búscate una diosa. Yo estoy en el mundo para servir a los demás, para hacer bien a mi entorno y para agradecer a mi ángel de la guarda toda su paciencia y protección (pues, tratándose de mí, el pobre debe estar ya bastante desplumado).
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¿Y ahora, qué?
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¿No hay hombres? Sí que los hay. Me he cruzado con unos cuantos en la vida, multiraciales, internacionales, eso sería lo de menos. De todos ellos he aprendido cosas buenas y malas. Algunos son aún “queribles” y se les tiene en la lista de amigos especiales. Otros, totalmente “olvidables”, porque así es la vida, no se puede quedar bien con todo el mundo, menos si han hecho daño (sean concientes, pues, chicos).
En todo caso, aquí donde estoy ahora, me siento como “observadora de tribuna” y aún no veo nada motivador para entrar a la cancha. Por otro lado, estoy cansada de entrar a la cancha y ver cómo mis compañeros de partido boicotean su propio juego, mereciendo tarjeta roja y dejándome sola.
Prefiero ir a dormir más temprano todos los días, con cremas humectantes y pepinillos en los ojos, y despertar pensando en mí y en quienes no han tenido miedo de quererme. Es una buena forma de vivir en paz, mientras me ocupo de trabajar y aprender, de alcanzar metas paralelas al amor de pareja, que tendrán su cota de satisfacción y llenarán una parte importante de mi vida.
Además, existen personas a quienes querer, por quienes sonreír y por quienes vivir.
Eso sí, espero que “ese hombre” no demore mucho en llegar a mi vida, o me veré en la obligación de casarme con Ville Valo, con lo cual advierto a los "interesados" que se acabará cualquier otra posibilidad.
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8 comments:
Amiga, veo que me has devuelto la personalidad y el derecho a firma. ¡Eres lo máximo!
Hola! Me encantó el post!
Un abrazo.
Alexis
jajajaj angelita angelita angelita..hablame mas de los hombres de 28 que maduran alos treninta y tantos.... yq ue se casan con niñas de 20¡¡¡ puedes creer que necesito tanta informaicon sobre eso¡?¡ jiijijijijij te adoro amiga.... como siempre me quede pegada otra vez¡¡¡¡ muakk besho ya voyyy¡¡¡¡
Angela este texto es perfecto, dices la purita verdad, pero antes quiero alabar tu grandiosa imaginación, aunque no te lo creas pero la tienes...
Espero cumplir con algunos requisitos mencionados, para alguien que he conocido...
Creo lo de 28 adolescente, osea tengo unos años... jaja mentira.
Me parece adecuado entre trabajar y no trabajar, me imagino que fue difícil para ti, estar con alguien que no trabajaba todavía...
Se me hace que conozco esa primera borrachera, sí que estuvo interesante...
Tus imágenes son chvres, cómo las consigues...
B.
Uhmmm, estoy sorprendido, nunca leí algo tan sincero.
que paja piensas como yo, me encantaria conocerte mas.
Hugo
djnarcs@hotmail.com
hola ... te felicito eres lo maximo arriba las mujeressssssssss byeeeeeeee
Qué gusto da leer a mujeres tan inteligentes. Y por pura casualidad. Un beso desde España.
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