Ella me ha contado, riendo, que a un "español" siempre le sigue un "gringo". Que le ha pasado antes y tiene ya alguna invitación a salir. Me dice también que ese chico de su ciudad, al que quiso tanto, le enseñó que “a rey muerto, rey puesto”, pues luego de aquella primera vez y primera historia “seria y formal”, quedó tan herida, tan culpable, que fue incapaz, por varios meses, de dejarse tocar por alguien más, aunque no quería eso para sí.
Afortunadamente, dice, esos traumas han pasado, pese a sentir a veces que se le está yendo la mano. Ha aprendido a tener claras las cosas que no la hacían feliz, a no dejar que los recuerdos bonitos y la nostalgia empañen los motivos por los cuales cualquier relación termina, incluso esta última, y la que podría empezar, si se le da la gana, aunque puede que no, porque está bien así. Lo malo, afirma, es estar mal acostumbrada a “dar y sentir cariño”, como si estuviera desquitándose por todos los años que, antes de conocer el dolor, estuvo sola.
No está de humor para profundizar en sentimientos trascendentes, es ella quien está de paso ahora, lo sabe bien, muy bien. Pero se está volviendo cada vez más fría, cada vez la crisis es más corta y cada vez le importa menos cómo verse ante mis ojos, o ante Dios. Simplemente toma lo que encuentra, sin vergüenza, lo huele, lo saborea y, si no le gusta, lo deja. Sin embargo, tiene aún activo ese corazón de mujer que la arriesga a encariñarse maternalmente hasta con los objetos más defectuosos… Ni modo, espero que se mantenga así, o ni tú, que dices conocerla tanto, la reconocerás al verla otra vez.
Anoche, mientras veíamos una película, me di cuenta que sus lágrimas se han vuelto a secar, pero su mirada sigue brillando. Hay gente que no aprende, carajo…
Afortunadamente, dice, esos traumas han pasado, pese a sentir a veces que se le está yendo la mano. Ha aprendido a tener claras las cosas que no la hacían feliz, a no dejar que los recuerdos bonitos y la nostalgia empañen los motivos por los cuales cualquier relación termina, incluso esta última, y la que podría empezar, si se le da la gana, aunque puede que no, porque está bien así. Lo malo, afirma, es estar mal acostumbrada a “dar y sentir cariño”, como si estuviera desquitándose por todos los años que, antes de conocer el dolor, estuvo sola.
No está de humor para profundizar en sentimientos trascendentes, es ella quien está de paso ahora, lo sabe bien, muy bien. Pero se está volviendo cada vez más fría, cada vez la crisis es más corta y cada vez le importa menos cómo verse ante mis ojos, o ante Dios. Simplemente toma lo que encuentra, sin vergüenza, lo huele, lo saborea y, si no le gusta, lo deja. Sin embargo, tiene aún activo ese corazón de mujer que la arriesga a encariñarse maternalmente hasta con los objetos más defectuosos… Ni modo, espero que se mantenga así, o ni tú, que dices conocerla tanto, la reconocerás al verla otra vez.
Anoche, mientras veíamos una película, me di cuenta que sus lágrimas se han vuelto a secar, pero su mirada sigue brillando. Hay gente que no aprende, carajo…

4 comments:
ala ... voi a empezar a hacerte un altar ... escribes bravazOOO !!! Idola!!! jajajaja
Gracias! Pero no es para tanto. Se hace lo que se puede y me alegra que te guste.
Saludos!
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