Sunday, May 13, 2007

Idiotez


Antes de que uno de mis ex me comunicara formalmente que había decidido terminar conmigo, me envió por correo, muy considerado él, un compendio psicológico que relataba todos los problemas emocionales que podían generarse en cada elemento de la pareja, según sus personalidades y forma de llevar la relación.

Por supuesto, me pareció una broma de mal gusto, pues habíamos discutido mucho esos días. ¿Qué quería decirme? ¿Qué yo tenía problemas? Hombre, de tenerlos, los tenía, pues no voy a negar que generé mucho apego (la tontería esta de perder el himen y darle mucha importancia a la historia) y ansiedad.

Si mal no recuerdo, fue justamente con esa relación que una actitud mía, congelada durante muchos años, se puso de manifiesto: entrar en automático cuando “él” hace algo que me daña demasiado. Así, tal cual. El nene da algún caballazo (es que siempre me los consigo así de brutos, culpa mía también) y yo, me apago. Entro en “zen”. Mi corazón se comprime, me siento incapaz de decir una sola palabra y, por lo general, me largo del lugar, busco un sitio dónde estar sola un rato, lejos de mi agresor.

Debo confesar que mi padre tenía feas rabietas. Nunca golpeó a nadie, sin embargo, en cuanto se enfadaba, todo el ambiente en casa se hacía tenso. Yo optaba por encerrarme en mi cuarto y no decir nada. No se le podía decir nada, era intransigente. Pensé haberlo superado a los 17 años, cuando tuve valor e indignación suficientes para responderle con el mismo tono y al mismo nivel.
.
Sin embargo, cuando un hombre (porque sólo los hombres me provocan esto) cercano a mí empieza a golpear cosas, pegar gritos o manifestar su furia con violencia, me noqueo. En el peor de los casos, entro en estado de inconciencia, no reacciono, no digo nada, por miedo a empeorar la situación. En el mejor de los casos, me importa un pito el gritón y sigo haciendo lo que me toca hacer, con toda la paciencia y eficiencia del mundo, aunque le joda la “indiferencia”. Por cierto, esto último tampoco es tan conciente, pero sí mejor manejado.

Por otro lado, el "mutismo". Aunque me esfuerce, no consigo evitar dejar de hablar, es superior a mí, es… demasiado intenso y, a estas alturas, creo que no puedo controlarlo. El último tipo con el que estuve tuvo la infortunada idea de decirme, ante esta reacción: “¡Si te ponías así con el ex novio ese, comprendo que te haya dejado!”.
.
En mi última terapia psicológica, que nunca terminé, el médico me sometió a una inducción de llanto que siempre me pareció injustificada, porque no quería llorar más. Sin embargo, fue bastante estúpido el detonante que me hizo soltar lágrimas y mocos, en menos de tres minutos. Me dijo: “ningún hombre, por más guapo, por más inteligente, por más aplaudido o por más problemas que tenga encima, tiene derecho a dañar tu alma. Eso no debiste permitirlo nunca…”

Dijo eso y yo me privé en lamentos. Comprendo que los seres humanos nos equivocamos y, a veces, tratamos mal a las personas que queremos. Pero correr el riesgo de permanecer en una relación dañina, ya es otra cosa.

El ex que menciono al inicio de este relato nunca me pegó con mala intención, pero sí alguna vez me dio una cachetada. No recuerdo qué fue lo que provocó ese golpe, pero sí sé que no fue en uno de mi ataques de histeria, sino que estábamos recostados en mi cama, y yo le decía que no quería continuar nuestra relación, si él se mudaba a otra ciudad, porque sería difícil, y no tenía ninguna certeza de que él, habiendo sucumbido a la presión familiar, a futuro optara por mí.

Varias veces había dicho que quería darme un golpe o así. Su sentido de equidad era: “si tú me puedes pegar, ¿por qué yo no?”. Claro, sus manos eran el doble de gruesas y grandes que las mías, había una diferencia de fuerzas que, por algún motivo, él no entendía bien.

Sin embargo, han sido los golpes emocionales los que más me han destajado el corazón. Comparaciones, alardes de ser los únicos capaces de quererme, amenazas con romper la relación, subestimación manifiesta, clases de “etiqueta” y “madurez”, cortos episodios de intriga… En fin, una serie de detalles “del otro” que debemos aprender a comprender y ayudar a mejorar, SIEMPRE Y CUÁNDO ESTO NO NOS DESGASTE.

He descubierto, con tristeza, que tengo “alma de redentora” y “pasta de mujer maltratada”. Nunca aprendí a “no entregarme” en una relación y es la peor carencia educacional que poseo. No sé hacer nada contra ese problema. Sólo “juego” cuando el título está puesto, cuando la otra persona también lo sabe. Entonces, puedo decir: “me lavo las manos por lo que tú puedas sentir luego”. Si no, no.

Muchas veces he prometido no volver a enamorarme, pero caigo y recaigo. Y duele muchísimo. No sé, no es que no pueda estar sola o que me falta afecto, sino que acojo en mi corazón a cualquiera que necesite un poco de mi cariño. He ahí el problema. Mi cariño no es cualquier cosa, no es barato, pero yo lo regalo como si lo fuera, como si hubiese justicia en ese sacrificio que sólo me ha llevado a aprender por defecto, todo el tiempo.

A mi ex enamorado le toleré que me haga creer que nadie podría quererme nunca como él y que si, por mis “caprichos”, terminábamos, yo nunca me lo perdonaría. Fue tal la influencia que cuando terminamos, no pude comer alimentos sólidos en un mes y quería entrar en alguna especie de shock, para no sentir dolor. Lo cierto es que he logrado superar mi afecto y mi infundada “necesidad” de él, pero hay cosas respecto a esa historia que aún me causan tristeza o miedo… ¡Y eso fue hace ya un año!

El último chico con quien salí también hizo varias cosas “malas”, que no sé por qué afán de sometimiento toleré: se lió con un tipo en año nuevo; me dejaba fácilmente de lado cuando estaba con sus amigos; no le importaba hablar de las tetas o el poto de otra chica frente a mí, hacer bromas machistas al respecto y reír a carcajadas; un par de veces me gritó en público y hasta me echó a empujones de su habitación, frente a nuestro compañero de departamento…

Y bueno, como no éramos “pareja estable”, yo no sentía derecho de decir nada, sólo observaba y pretendía ser fuerte. Estaba completamente idiotizada, no por amor, sino por… ¿yo qué sé? Lo quería mucho y, cuando no teníamos malos momentos, hacíamos buen equipo. Pese a ello, esa relación me expuso a muchas más humillaciones, y yo pensé que se acabarían con el anterior chico.

O sea, he repetido el error y eso hace preguntarme si no tendré algún síndrome que me lleve siempre a buscar este tipo de situaciones, que me dañan, pero que también me llenan de historias intensas, “interesantes” para muchas chicas idiotas que se creen “aburridas”, cuando viven en un envidiable estado de equilibrio y tranquilidad.

Una vez conté de mi “mutismo” a un amigo del trabajo, casado, bastante mayor que yo. Le dije que me sentía culpable por sufrir de ello, pues con eso “espantaba” a los chicos, quienes, a la larga, se aburrían de mí y de verme siempre infeliz junto a ellos. Él me dijo: “Cuando encuentres al hombre adecuado, no te sentirás así. Mientras tanto, sé feliz con otros afectos, pues estás joven y no hay apuro. Ya llegará”.

Y bueno, hoy por hoy, trato de hacer caso a ese consejo. Pero, no lo niego, lo hago por miedo a equivocarme siempre, a no ser capaz de frenar el maltrato, el cual podría ser cada vez peor. Este miedo es lo que ahora me mantiene en “saludable abstinencia”, y no sé hasta cuándo sea conveniente permanecer así, pero dudo poder curarme pronto, sobre todo porque no sé exactamente cuál es mi problema… Sólo sé que necesito ayuda.

7 comments:

Adso said...

Aunque no lo creas es muy común, de manera como el subconciente busca repetir los patrones conocidos, aunque ellos sean nocivos para uno; hay que saber reconocerlos para poder luchar contra ellos.

Sabiendo que tienes un patrón de comportamiento de ese tipo no te parece que deberías tener mas cuidado al momento de escoger tus parejas, yo se que no lo hacer adrede, pero antes de entregar tu corazón o cariño como le dices, tómate el tiempo necesario para conocerlo y si sientes que vas a repetir algo déjalo sin miramientos.

Nos leemos.

adso = peregrino

http://peregrinoinmovil.wordpress.com/

Malu said...

Gracias, Peregrino. Creo que he aprendido la lección, pero aún no me animo a "hacer la prueba". Estoy bien así, descansando de relaciones y recordando amantes que fueron buenos conmigo, y que lo son aún, como amigos.

Lo cierto es que sólo he tenido dos parejas dañinas, pero ahora que sé que repetí, me da miedo volver a hacerlo.

Yo no los busco así a propósito, sin embargo, cuando ya estoy metida en el lío, no puedo hacer nada para detenerlo. Se me hace muy difícil. Me da vergüenza hablar de eso hasta con mis amigas, por algún pudor femenino a no mostrar a otros sus fracasos, menos los defectos de su "amado".

En fin, cosas que debo ir superando.

Gracias por tus comentarios.

Angela said...

Hum... Pues yo creo que a todas las mujeres nos da una especie de "conveniente estupidez" cuando estamos enamoradas. Es que tus casos no son los únicos que conozco... Yo misma, que no tolero con facilidad gritos y demás, suelo pasárselos a mis chicos, incluso busco la manera de salir del trance lo más pronto posible, pues me siento más cómoda y contenta cuando "todo está bien".

Y así, con varias amigas, incluso lesbianas. Supongo que a los hombres también les da algo así.

De todos modos, si te has asustado es mejor que te tomes un "tiempo fuera" y aprendas a estar bien sola (eso de "sola" es relativo, siempre hay gente buena alrededor, que te quiere mucho).

Ten en cuenta todo esto para la próxima y sé suficientemente fuerte para poner el pare cuando sientas que te estás haciendo daño. Conozco a los chicos de los que hablas, sé que no son malos, pero sí un poco "especiales".

Tranqui, corazón. Te quiero mucho...

¡Avanti!

Helton said...

tengo un amigo que practica el vale todo..si quieres te lo presento..pues veo que te encanta el golpe.

Enzo said...
This comment has been removed by the author.
Enzo said...

¡Oh Redemptoris Mater...!

Malu said...

Jajajaja... Creo que el "Vale Todo" es menos doloroso que lo que cuento aquí. A fin de cuentas, es fetichismo y sadomasoquismo puramente físico, que se puede manejar en intimidad y complicidad.
El maltrato psicológico es otra cosa, y no se limita a un momento del día...
Saludos y bienvenido, helton.