Tuesday, June 26, 2007

5


Hace mucho que, para mí, el sexo perdió cualquier sentido de trascendencia, amor o exclusividad, del modo en que lo entienden las personas que no han llegado a este extremo (y para quienes sería imposible ponerse en mis zapatos).

Ayer, una conocida mía me criticaba el haber besado a un muchacho que me gusta mucho. Para ella, el proceso correcto es el siguiente: primero, la ilusión; segundo, la amistad y el conocimiento profundo de la otra persona; tercero: el inicio de una relación amorosa; cuarto: el matrimonio; quinto: el sexo. Consideró que la “había fregado” por el hecho de que hubieron besos. Menos mal que no se me ocurrió contarle que, además, dormimos juntos.

Entiendo que esta fórmula funcione para muchas personas. Creería incluso que podría llegar a funcionar para mí, si no hubiera estado viva los últimos 10 años de mi vida. Sin embargo, creo que cada quién tiene motivos, en la actualidad, para ser como es.

Sé muy bien que es mejor, siempre que conoces a un hombre, dejarle pasar por muchas “pruebas” antes de acostarte con él, al menos si lo que quieres es una relación “madura y formal”. Pero… ¿Qué tal si sólo vas “al tanteo”? ¿Qué tal si realmente el afecto que esa persona te inspira se manifiesta más intensamente en lo sexual? ¿Qué tal si, al igual que yo, se te ha desordenado la tabla de “valores”, y ya te da igual tener relaciones o no tenerlas?

Es que es así: el hecho de que me acueste con un muchacho que me gusta, no me convierte en una ninfómana, ni a él en un interesado o pervertido. Al menos, no al muchacho que ahora mismo tengo en mente. Una mujer va afinando el olfato conforme avanza, se equivoca y se deja herir. Una mujer que “ha perdido la vergüenza” (que no significa perder el pudor), debería saber con quién se mete, o al menos, presumirlo.

No me siento sexualmente burlada por ninguno de los hombres con los que he estado. Utilizada por algunos, sí, sexualmente también, pues, en algún momento, hubo una relación de sometimiento “emocional”, que condicionó todas las acciones hacia ellos, incluso el sexo. Pero no puedo decir que no lo disfruté en su momento y, engañada o no, tampoco negaré que fui yo quien se lo buscó.

Los daños emocionales han sido muy profundos, no lo niego. No necesito que nadie me diga “te lo dije”, o me recuerde que “el pecado” no tiene otro final que el sufrimiento. Sé que las jodí y que comí mierda, pero… No es precisamente el “desgaste físico” el que me hizo poner un pare al asunto y mantenerme “fuera de juego” por algunos meses, sino el dolor de mi corazón, que ya es crónico, aunque ahora viene con menor intensidad.

Por otro lado, si tuviera que llorar y despreciar a todos los tipos que me han hecho el amor, ahora mismo tendría un par de amigos menos, que son de los mejores seres humanos que conozco.

No… No me atrevo a sentirme menos que nadie, ni a caminar con la cabeza gacha, sólo porque me gusta tirar de vez en cuando.

Visto desde fuera, “me ha ido mal”, lo sé. Pero yo sé que no tanto… Salvo por una sola vez (el puto “primero”), nunca pensé en los chicos con los que estaba como “los hombres de mi vida” o “los futuros padres de mis hijos”. Confieso que me habría gustado prolongar algunos momentos de bienestar y alegría para siempre, pero son cosas que cualquier persona piensa. Entonces, ¿en qué fracasé? ¿Fracasé, para empezar? Un fracaso es cuando no consigues un objetivo que has buscado con todas tus fuerzas, trabajo y atención…

¿Qué estaba buscando yo? Compartir mi amor con alguien que me quiera. ¿Fallé porque el “él” de turno no me quiso? Tal vez fallé en no darme cuenta del engaño, o no afrontar el engaño con valentía y a tiempo… Fallé por no querer estar sola, y dejarme acompañar por quien no se lo había ganado. Fallé por dejarme dañar. Pero… ¿Fallé yo porque él no pudo quererme, o falló él, por no poder querer a quien le quería y, aún peor, por pretender lo contrario, para “aprovechar el momento”?

Entonces… ¿En qué fracasé?

Por ahora, sé que no puedo darme el lujo de pensar en casarme, por varios motivos que no resultan pertinentes de explicar en este blog. También sé cuán especial debe ser “ese hombre”, eso está claro como el agua. Y, dadas las circunstancias y mi actual hartazgo de payasos e historias vacías, decidí no perder más el tiempo con chiquillos temerosos, que sólo han conseguido llenarme de heridas y traumas. Cortar este aspecto de mi “liberalidad”, porque todo cansa a la larga.

Hace mucho que, para mí, el sexo perdió cualquier sentido de trascendencia. Es, simplemente, otra forma de ver a la persona que está conmigo, conocerlo desnudo. Es una manera de comunicarme con quien me gusta tanto. No soy de las que esperarían pasar por varios meses de noviazgo, o llegar al matrimonio, para empezar a tener relaciones sexuales con su pareja, antes de vencer un tabú que ya tengo vencido hace tiempo. Sin embargo, sí soy de las que podrían amar a un hombre bueno, aunque, por varias razones, no pudiéramos hacer el amor en largas temporadas, o no pudiéramos hacerlo y ya.

Pero he descubierto que estoy condicionada a no dejarme querer de un modo diferente. Aunque mi corazón admire y aprecie con ternura a un muchacho bueno, que quiere una amistad verdadera para, sobre ella, fortificar una relación, mi subconsciente, justificablemente desconfiado, genera dudas y malicia, tarda en entender que no hay dobles discursos, que no hay engaño, que las personas son diferentes, que no todo es dolor.

Sabía que estaba así de ciega y confundida, por eso quise frenar, para no hacerme más daño. Sabía que pasar por malas experiencias, con terquedad de adolescente, acabaría envenenando una parte de mí, esa inocencia que antes me dejaba confiar y ser feliz con una sonrisa limpia. Aún no he recuperado la salud, pero conocí a alguien que removió membranas que pensé muertas. Conocí un corazón brillante en el cual no quiero confiar, porque un entorno contaminado (y contaminante, sin mala intención) pretende mostrarlo sucio, como siempre, como todo.

Pese a todo, cuando me tomó de la mano, sólo pude sonreír, aún temblando…

Quiero sanar, para no contagiar a nadie, poder confiar otra vez y poder explotar de felicidad, a ratos, sin miedo. No por él, quien es sólo una energía, un murmullo, una ráfaga de aire fresco que sigue su rumbo, igual que yo. Quiero sanar por mí, por todo y para siempre.

5 comments:

Adso said...

Te leo con atención, como siempre, y puedo ver el dolor que todavía emana de tus heridas, pero al mismo tiempo veo el valor que has tenido para reconocerte y detener aquello que sientes que te causa dolor.

Que dificil es desprenderse de aquello que nos hace daño, quien lo dijera, pero es la verdad, nos cuesta mucho entender que el camino que andamos no es el que nos hace feliz y que mientras mas avanzamos mas dolor encontramos.

He caminado por mi propio Gólgota y se de lo que hablas, a mi modo; también me tomo tiempo darme cuenta y mas tiempo dejar de andarlo; hoy tengo una tranquilidad que antes no, y no fue facil, como nada.

Ahora, que ya sabes, se valiente y fuerte para emprender este nuevo camino, que no será perfecto, pero es el vas a andar con los ojos abiertos.

Que tu camino sea dulce.

Nos leemos.

adso = peregrino

http://peregrinoinmovil.wordpress.com/

Enzo said...

Confianza, más... "Amiga" de todos!!

Cesar said...

Creo que te culpas demasiado. La libertad, como siempre, aterra cuando se ejerce a plenitud. ¿Qué es la promiscuidad, un asunto cuantitativo? ¿No es más promiscuo vivir con alguien a quien ya no se ama y con quien sólo compartimos el dentífrico?

nani la sabinera said...

no puedo sacar mis ojos de tus escritos, es muy dificil poder explicar como me siento identificada con todo lo que a vos te pasa, estoy pasando por una etapa muy similar, asique te leo y te comprendo con mucha atencion

Soy yo la que ha empezado a andar por mi propio Golgota, y no es facil, te lo puedo asegurar... recien voy dando el primer pasito y no llegue a apoyar el talon..

No se ni como llegue a tu blog pero ya lo tengo leido todo

Mi luz y mi "no me bajes los brazos que estoy en la misma" desde argentina

Un beso a la distancia
Nani

Malu said...

Gracias por sus comentarios y por los ánimos...
Un abrazo
ML