Thursday, September 06, 2007

J.


A J lo odié por primera vez el Día de la Reina. Era un sábado por la noche. Yo estaba en Ámsterdam (la verdad, ni siquiera estaba en Ámsterdam, sino en mi habitación en Leiden), con unas amigas con las que nunca salgo. Fuimos a ver a Tiesto. Adoro Tiesto, es tan duro tan variable, como el mismo J que me llamo desesperado aquella tarde, no recuerdo exactamente a qué hora. Yo no contesté. Pues, no quería contestarle. Estaba cansada de la misma historia. No entiendo por qué. Esa noche aunque muriese por verlo, no quise contestarle y no le contesté. La verdad: moría por ti J.
El Día de la Reina es un día a-normal en holanda. La gente bebe por las calles. La gente se divierte. No es como otros días cuando uno camina por estas calles de Leiden, todo tan callado, tan ordenado. El Día de la Reina en Holanda es el único día en que la gente sale por la ventana. Tenderetes por las calles, bares, cofis, hombres, mujeres, naranjas, mecánicas, todos una masa mundana en todo holanda bebiendo como locos lo que no beben en todo el año (porque así son de avaros), bailando, gritando, rompiendo ventanas, vendiendo sánguches, misma feria de la cerveza arequipeña pero en las calles de Ámsterdam con Tiesto y otros cantantes holandeses bien folklóricos.
Ese día yo estaba en Ámsterdam, J en Rótterdam, tirado en su cama, deprimido total, casi muerto. Yo me divertía. No quería contestarle el teléfono. Y es que (el) J paraba deprimido porque no tenía dinero. Le debía a todo el mundo, hasta a la policía. Yo me tenía que tragar la misma historia todo el día y vivir deprimida pensando en el cuero que me había conseguido, yo me merecía algo mejor estaba segura. No a J, pero el hombre era tan lindo tan dulce, tan todo… tan pero tan complicado... que me agotó.



Al día siguiente fui a Rótterdam en la mañana. La gente en el metro, medio apestoso el metro, con cervezas en la mano (parece seguir el día de la reina aquí) hablando fuerte, gritando improperios en ese túnel que yo aborrezco, que siempre tuve que recorrer para ver a J, que ni siquiera (a veces) me veía en la estación. Una mujer normal lo mandaría al carajo. Pero yo no soy normal, yo soy un poco de otra suerte, y siempre me acomodo sin quejarme a los encantos.

Lo primero que veo al llegar a la casa de J es la casa ordenada. La mesa de la computadora sin cigarrillos, la cama bien tendida (pusiste el esfuerzo carajo), la ropa sucia en la lavadora, las botellas de coca cola en la basura. J tiene la cara un poco larga y claro pues, a mi no me gusta verlo con esa cara, qué me va a gustar verte con cara de pocos amigos cuando tú jodido siempre andas en depresiones, en crisis existenciales, desesperado por plata, cuando ganas el doble o triple que yo. Claro pues, hay que reírse con J, pues, él si sabe vivir en Holanda, la casa ordenada, impecable y con la cara larga, ese J es mi héroe, carajo, qué se le va a hacer, si ya se volvió un holandés y le digo ya no me jodas más J, me pregunta por qué no contestaste el teléfono; le digo: el teléfono por si no lo sabes, lo contesto cuando tengo ganas de hablar contigo, J, y yo cara de fierecilla sin domador le digo quiero terminar y termino. Salgo de su casa, me persigue hasta un cofishop, fumamos un batecillo y reímos y fumamos, chinos de risa, me quiere dar un beso y yo le digo hablo en serio J, aunque salga china de risa de ese cofishop-pub, tomo enojadaza ese maldito subterráneo repleto de negros kinkones y sarnosos (y también viejecillas con su bastón) que me miran con cara de cementerio, pues claro qué me iba a gustar terminar con J, tan lindo él, tan encantador, siempre hablando de sus proyectos a futuro (cuando no tiene presente) y llego a Leiden, mi ciudad, y, ah, llamada telefónica, ¿quién era? J.



Al día siguiente sigo mi vida normal. La universidad, la casa, los viejitos de Delft y Alessio. Esa vida tan monótona en Holanda, carajo. Lo mejor, los libros, todos en holandés. Qué gracioso vivir en un país fácil de entender pero difícil de explicar. Recorro librerías, entro a la biblioteca, nada nuevo por hoy, excepto, J, que busca una explicación, me pide en cuatro palabras explicarle por qué lo terminé ayer, y pues, jodido el muchacho, porque, le digo, pues, ya fue, ya me harté, y él me sigue preguntando casi llorando implorándome por dios contándome que se metió a la ducha y se imaginó la vida sin mí y yo ay chucha recuerdo que tiene cosas mías que aún no ha devuelto: mi chompa roja que le quedaba al cuete, un disco mío (creo, ya no recuerdo: es capaz de decirme ahora, no era un disco era otra cosa) y el zum de mi cámara profesional de fotos (que se la presté yo buena gente para que tome sus fotitos con la súper cámara profesional que le dieron en el trabajo con la que toma fotos bien pajas, allí no más, cerca de su casa). Te las devuelvo esta misma tarde, dice, y cuelga.

Regreso a mi casa. Ahorita pienso para qué te terminé J. Eras tan encantador. Tú y tus tres muebles negros en una sala improvisada en un departamento de Rótterdam. Tú y tu computadora siempre prendida, en la que pasabas horas dibujando, sumando y restando. Tú y esos cojines de la cama que me torcían el cuello y terminaba odiando, tirándotelos en la cara, porque claro, tú eras un cristo que dormía con los brazos extendidos de extremo a extremo, y sólo me dejabas un espacio pequeño, un pequeño lugar en el cual acurrucarme y a veces me empujabas, me quitabas las sábanas, no por fiera, sino por dormido, por estar acostumbrado a dormir solo. Éste J, tan maduro él, tan ordenado como un holandés, que me decía trae tus cosas para leer, trae tu computadora para escribir. Escribe, carajo. Pero nada. Encendía la computadora, laptop, y empezaba a hablarme y chau a la concentración, me pedía los fósforos, la cocacola, los vinos, siempre fumando, siempre chupando (o quedándose dormido) y yo perdiendo mi fin de semana, J, sintiéndome absorbida, no sólo por ti, también por tu desorden porque de holandés tenías nada, sólo ese departamento en Rótterdam, esos mueblecitos negros llenos de papeles y medias sucias, esa cama destendida y con pelos. Ahora me tengo que armar de valentía para ir a recoger las cosas que tú tienes mías. Y otra vez me viene la duda. Pienso ¿por qué te terminé J? Pero tú vas a venir, te he pedido que vengas (quién me entiende, ¿alguna mujer?) Te abro la puerta de mi casa, te beso, nos besamos (?), y luego vete de acá, carajo, me miras con cara de perrito triste, mi lente de cámara, y le digo está bien, sigue usándolo, no podemos terminar ahora, no podemos dejarnos de ver, y yo obediente, me digo, le daré una oportunidad sin hacerle el amor, y chau, lárgate J, pero J se quedó a dormir.

Tres días después lo llamo por teléfono (en el entretanto, claro, me llamó por lo menos tres veces por día) y le digo J devuélveme el lente de mi cámara. Otra vez vino, otra vez dormimos juntos, otra vez haciendo el amor.

Me encantas J ,qué más puedo pedirte. Fui terca/soy terca. Ahora ya no te tengo y te extraño a morir. Acaba de haber un terremoto en Ica y no sé si estás vivo o muerto. Quizás te aplastó un muro o dos, o te mordió un perro o te robó algún delincuente por allí. Por eso escribo lo que escribo. Y tengo la urgencia de relatar cómo fue nuestro des-en-cuentro.

8 comments:

Malu said...

Creo que una de las cosas más importantes que deben enseñarnos cuando niñas, además de no crear apegos inútiles con el "macho-man" que se llevó nuestra virginidad, es a terminar las relaciones sin cargo de conciencia.
No sé... tenemos algo dentro que no nos lo permite, sino hasta estar muy curtidas (y dolidas), tras tristes experiencias. Y aún así, dudamos... Como si prefiriéramos dejar la decisión al parejo, para que no nos quede ninguna duda de que no nos quieren y, recién ahí, abandonar la trinchera.
Vaya... ¿De qué estamos hechas? ¿Alguien me lo podrá decir?
¡Lindo texto, amiga!

Ernesto said...

¡Pero si esta historia ya me la habías contado! Jejeje. No puedo decir mucho sobre relaciones. Sabes que en cuanto al amor soy un caos. 'Love comes quickly whatever you do, you can't stop falling...' (Pet Shop Boys, 'Love comes quickly').

Hay hombres buenos y buenos hombres. Personalmente no encuentro algo más atractivo que la inteligencia y la integridad.

Gracias por el link

Daniel said...

Realmente impresionante la escritura, quede pegado de primera instancia con las palabras y el texto una completa historia de la que no se como reaccionar.
Muy lindo Sue, de verdad que bien escribes karj!!!!! TQM -Daniel-

nani la sabinera said...

perdon, estoy mareada! Susana, Malu... no entiendo!!! son varias las q escriben???
Igual, linda historia...


Besos con sal y uno por mejilla

Nani

Malu said...

Hola, Nani!!!
Te presento a mis amigas Susana y Angela, que escriben aquí de vez en cuando, pero tienen sus propios blogs. El secreto es fijarte debajo del post, sale el nombre de quien lo escribió.
Besitos :)

nani la sabinera said...

Maluuu!!! sisisi! Me di cuenta del detalle de la firma...
Es que la costumbre de leerte y seguir tus desventuras/aventuras de la vida me hizo por un momento perder el hilo...

Bienvenidas y un gusto para mi conocerlas!!

Besos con sal y uno por mejilla!

nani

susana said...

gracias Nani por leerme, espero poder publicar más en el blog de Malú...

Adso said...

A veces es tan dificil decir adios, lo he escrito tantas veces, lo he pensado muchas mas.

Nada mas duro que desprenderse de quienes nos dan la alegría y la tristeza por igual.

Nos leemos.

adso = peregrino

http://peregrinoinmovil.wordpress.com/