Saturday, September 22, 2007

Reiniciar


Hoy he tomado una decisión vital, la decisión más importante del año, sí señor. Esta decisión tiene el poder mágico de dar vuelta a todo lo que hasta entonces ha ocurrido en mi desequilibrada vida amorosa, por supuesto. Pero antes de comunicarla oficialmente, debo aclarar algo:

Pese a haberme estado quejado todo el tiempo, o relatando sucesos con algún sabor a ironía, nunca dije: él es malo o la mala soy yo. Es que en estas cosas no hay buenos, ni malos. Ninguno de mis ex – algo es malo. No, señor. Podrán ser aniñados, inmaduros, irresponsables, bestias, egocéntricos, manipuladores, engreídos, melosos y hasta egoístas (alguno más que otro). Pero malo, ninguno.

Es la verdad. Envío señales equivocadas, cierto, pero las últimas “equivocaciones” no han sido tales, sino con plena confianza. Lo jodido ha sido justo eso, la confianza. Confiar. Es que uno no puede confiar de buenas a primeras, porque todos estamos locos, todos traemos sobre nuestros hombros la historia de nuestra vida y eso, de modos amables o destructivos, afecta a nuestro entorno.

Ante esto, es necesario tener mucha fortaleza, mucha seguridad en uno mismo y, sobre todo, la paciencia de un elefante (o de mi mamá, que es una de las mujeres más pacientes que he conocido… Yo salí a mi padre). Y mucha capacidad de comprensión, por supuesto, porque, a fin de cuentas, todos somos humanos (sí, hasta “ellos” lo son).

Ahora, a la decisión que les comenté: He repasado los últimos capítulos del culebrón que es mi vida amorosa y he desempolvado a un ex de no hace muchos años. Se trata de muchacho que se casará dentro de poco tiempo, quien se ha merecido ser escogido por tratarse del joven con quien más tiempo me ha durado una relación (poquito menos de un año). Sólo por eso lo pongo sobre los demás, para este fin.

¿Por qué he desempolvado a un ex? Pues es lo justo y necesario. Es la armadura y la enfermedad crónica que necesito para enfrentar al mundo así como está:

Los últimos tres hombres con los que he tenido el placer de tirar y lidiar, yendo un poco más allá de la pura sensibilidad, claro, me salieron siempre con el mismo cuento: “Es que yo me enamoré sólo una vez y cuando ella me dejó, yo sufrí mucho, me sentí culpable… ¡Ya lo verás cuando te enamores! Desde entonces, por más que lo he intentado, no he podido volver a sentir lo mismo por otra persona. Algo dentro de mí se enfrió, es por ello que mis relaciones no duran mucho y siempre tiendo a retroceder”.

Por supuesto, a estos señores nadie les ha explicado que todos tenemos mierdas en el pasado. Lo saben, por supuesto que lo saben, pero no son capaces de siquiera sospechar que el miedo no es un sentimiento exclusivo de ellos y sus traumas. No. Ni se imaginan que esta servidora, por más “tirable” que se vea, tiene también un corazón, ha amado, ha sufrido, ha hecho locuras, ha sentido, ha soñado y se ha roto.

No pues, es que eso no importa. Es que la otra parte no debe tener miedos, el que tiene los miedos soy yo. Ella siempre está sonriente y baila salsa que te cagas, así que de ningún modo se lo ha pasado mal. No, señor.

Seré franca: pese a este blog, soy una persona con muy buena fe. Me aterra empezar una nueva relación, sin embargo, me conmuevo vergonzosamente ante una propuesta dulce y tierna, y luego de discutir con algunas amigas el miedo que tengo y determinar, como las buenas mujeres que somos, que “NO TODOS LOS HOMBRES SON IGUALES” y que tenemos derecho a dar y darnos una oportunidad, entro a la relación con buena onda, con todo el cariño que soy capaz de dar y a la de Dios.

Así hice. Confié. No está mal confiar, pero… Tampoco es bueno pecar de ingenua.

Otra cosa que debo aclarar: al menos las dos últimas relaciones que he tenido estaban sujetas a distancias largas y tiempo contado. Aquí entraba a tallar entonces la siguiente programación: vamos a ver hasta dónde podemos estar juntos y, mientras tanto, disfrutemos con alegría de habernos conocido.

Claro, al menos yo nunca he empezado una relación enamorada del tipo. Con mucha atracción por él, sí. Con un análisis positivo de la situación y de nuestro bienestar, también. Con ganas de hacer bien las cosas, todas las ganas del mundo. Con eso tenía suficiente, pensaba yo.

Entonces, ahí estaba esta linda señorita, de la manito del nuevo chico lindo de su corazón, sonriendo y, muy a su pesar, dejando notar a los demás el cariño y la ilusión a través de sus ojos (¡¡¡Esta mirada mía!!! A ver si un día acabo sacándome los ojos o poniéndome lentes de contacto verdes, por lo menos para bajarle la intensidad).

Y en esas anda una, tan contenta, dando saltitos y haciendo comentarios pícaros con las amigas, además de mucha paz con el joven de turno, cuando de pronto, este hijo de Adán, desaparece (el último en menos de una semana).

La desaparición se da de muchos modos: uno de ellos aprovechó sus vacaciones íntegras para irse a escalar nevados, sin siquiera tener la decencia de preguntar si me daban permiso en el trabajo para acompañarle. Por favor, sería admisible que haya necesitado “su propio espacio” si los escasos dos meses que duró nuestra relación, hubiéramos vivido siquiera en la misma ciudad, pero no.

El último, de pronto no llamó más y se regresó a su centro de trabajo, a algunas horas de donde yo vivía, sin decir ni chau.

Aquí empieza la paranoia femenina: ¿Qué pasó? ¿Acaso dije algo malo? ¿Acaso mostré demasiado interés? ¿Acaso lo agobié con planes de boda? ¿Acaso conoció a alguien más? ¿Acaso…? Y así un desafortunado etcétera que nos quita el sueño durante algunas noches.

Es que bueno, debería existir un código de conducta cordial para este tipo de cosas. Si usted se quiere retirar, caballero, tenga la bondad de decir de la manera más escueta posible, para no complicarle a usted la vida, por qué carajos ha tomado la decisión de retroceder cuando aún no hay alguna muestra de incompatibilidad aparente. Es que, por si usted no lo sabe, esta otra parte que se queda con un nudo en la panza y muchas preguntas en la cabeza, también tiene sentimientos, también tiene corazón y su corazón, a lo mejor, podría ser que también tenga heridas.

Las heridas… Se curan con el tiempo. Mea culpa: debí dejar que se curaran antes de involucrarme con alguien más, pero… ¿Cómo iba a saber? No es una excusa, sino una realidad. ¿Cómo saber que esto que parece ser muy bueno, se te va a voltear de manera tosca y dolorosa, de un momento a otro?

Es que sí se sabe. Sí se sabe. No lo voy a negar: sí se sabe. El sexto sentido de las mujeres es tal, existe, nos da indicios. Lo malo, en mi caso particular, es que estoy demasiado contaminada con ideas relativistas respecto al amor. No es que no crea yo en el amor (pese a todo), sino que considero positivo intentar algo bonito, si las circunstancias parecen favorables. ¿Total? A lo mejor queda una historia bonita para contar, porque tampoco vamos a pensar que todos los hombres son tan brutos como todos los hombres que han roto conmigo.

Yo no rompo. Yo, simplemente, no entro. Si sé que no me va a dar el corazón para querer bien a alguien, porque estoy aún llorando mis heridas de hace tres años, pues no me meto. Si sé que el corazón no me va a dar para querer bien a alguien y yo misma no soy de las que hacen la lucha, pues me meto menos.

Pero es cuestión de conciencia. De empatía anticipada. De no hacer a otro lo que no quieres que te hagan a ti. ¡De ser claros desde el principio, por el amor de Dios! En vez de estar por allí llamándome con lindos diminutivos y hacerme sentir importante, para luego decidir que siempre no. Así no vale, la lengua está para algo más que los besos franceses y el sexo oral, también suele usarse para HABLAR. Y cuanto más pronto se hable, mejor.

Y bueno, luego del triste episodio de las preguntas, el análisis personal y la superación del complejo de culpa, él regresa y te explica a medias, tal vez entre lágrimas, tal vez haciéndose el cínico, así como tú, o tal vez con los ojos inyectados de marihuana, que eso, que la ex de hace años, que el único amor, que el tiempo para estar solo, que la incapacidad de querer (no es tu culpa, mi niña, el problema soy yo), que me ha dado gusto conocerte, que esto y aquello.

Entonces, te quedas detenida en el tiempo, un puntito negro arrasado por el viento de cualquier desierto, por la noche, y piensas: ¿Por qué mierda no le dije desde el principio que me estaba cagando de miedo? ¿Por qué accedí y compartí con él cosas que no se había ganado?

Por supuesto, no dices nada, todo sonaría a despecho. Debes aceptar que tú fuiste quien se aceleró, que nunca debiste ilusionarte, porque la ilusión es como la lepra: crónica y, para colmo, pasada de moda. Debes aceptar, también, lo que él dice: no creo haberte roto el corazón, porque el corazón se rompe cuando uno está realmente enamorado, así como me pasó a mí con (y empieza otra vez la cantaleta de la ex de hace mil años).

Tú piensas: no seas imbécil, no me digas cómo debo sentirme. De acuerdo, no me has roto el corazón, pero me han hecho una nueva raja, sobre cicatrices que aún no cierran del todo y, por tu madre, tu padre y toda tu familia, ¡Yo no merecía esto, cabrón!

En fin, pues, ahí quedaste, niña. Ahí quedé, demasiadas veces en poco tiempo, por cierto. No sé si decir que fue culpa mía, porque aquí no hay culpas, sino irresponsabilidad: suya, por ilusionarme con su ilusión, sin estar listo siquiera para un romance de verano. Mía, por dejarme llevar por esa ilusión y por pasármelo mal luego.

Días después, y con la “amistad” recuperada, descubres que él ya se ilusionó otra vez, con otra chica, en circunstancias parecidas y esa rajita que te hizo, acaba por romper en pedazos lo que quedaba en tu pecho. No por su importancia, sino porque el vaso estaba ya colmado. Sino porque tu cariño vale más que eso y te gustaría que alguna vez alguien sepa cuidarlo o, por lo menos, sepa no darle de baja tan pronto.

Entonces, ¿por qué tomé la decisión que comentaba al principio de este post? Esa, la de desempolvar a uno de mis ex – novios y llevarlo de muletilla en todo mi andar. Muy simple: tal vez sea bueno que yo también vaya traumadita por el mundo, esto serviría de atenuante para mis metidas de pata y corazones rotos regados tras mis pasos.

Imagínense lo fácil que es ganarse el derecho de hacer daño: que los demás entiendan que me han herido y ahora yo estoy expandiendo el mal. Que los demás entiendan que, pese a ser conciente de lo que hago, el dolor que llevo en el corazón por ese ex al que quise mucho y que ahora se va a casar, me da derecho a intentar relaciones que dejaré a los tres días, porque recordaré mi miseria y no podré seguir adelante, debido a que se ha roto algo dentro de mí, ¡Soy tan desdichada!

Y bueno, ya, aparte de estupideces: sí, se ha roto algo dentro de mí y eso me hace tener muy claro que no quiero nada más. Ya me cansé. Me gustaría enamorarme, pero no por ahora. Mientras tanto, evitaré en lo posible jugar. Si quiero jugar, lo haré con quien sepa las reglas del juego y de ninguna otra manera. Mi dolor no me da derecho a decepcionar a nadie, aunque parezca que no sufra porque baila salsa que te cagas. ¡Y que me parta un rayo antes de desenterrar a alguno de mis muertos!

Si quieres usar a alguien de “consuelo”, no es justo hacerle creer que vas a quererle, sólo para que te trate bien y el consuelo resulte aún más gratificante. No es justo y me siento orgullosa de decir que, pese a mi promiscuidad, nunca lo he hecho.

6 comments:

Enzo said...

Al final resultaste más moralista que el Papa y mi mamá juntos!!

Adiós.

nani la sabinera said...

Malu.. un placer volver a leerte..
Amiga, arriba! a no decaer.. comparto tu sentir .. como puede ser que para sentirse mejor tomen a una por un ratito, es que acaso no tenemos derecho a sentir acaso? a ilusionarnos??

Pero.. siempre hay exepciones a la regla... existen los que no son asi, tal vez en tu recorrido falten algunos kilometros mas amiga hasta llegar al punto de encuentro.. ojala esta vez la vida no me haya ver un espejismo y sea este mismo y preciso instante a donde tenia que llegar, por lo menos ... es donde me quiero quedar... por mucho mucho tiempo mas, y quien diga no? tal vez soñar con los ojos bien abiertos..

te deseo paz amiga, los milagros ocurren y los sueños, si se sueñan con fuerza y se cree en ellos... OCURREN

besos con sal y uno por mejilla

Nani

Malu said...

Mi querida Nany, digamos que esto ha sido un relato de "cómo todo empezó". Y bueno, es que la vida no sólo es estar "en busca de la pareja ideal", pero hay espacios en los que podemos darnos el lujo de ser "monotemáticas", como en nuestros blogs.

Esto ha sido todo un proceso, la verdad. Llega el momento, finalmente, en que descubrimos que sí es posible separar ciertos elementos que parecían fundidos. Echarse un polvo de vez en cuando no le viene mal a ninguna persona que guste de tirar, chévere. Simplemente, es lo que digo desde que empecé a escribir aquí: "¿Por qué hacer daño?".

Nosotros, los humanos... En fin. Al menos es bueno saber lo que uno quiere y hasta dónde tiene puestos los límites. Yo me cansé de ser comprensiva, a costa de mi corazón, así de simple.

Un abrazo. Gracias por tus buenos deseos, para ti también, mucha paz.

Angela said...

No puedo obligar a nadie a enamorarse de mí, pero sí puedo exigir a quien venga por mí, que no alimente la mala costumbre de mirar su pasado para llorar por él, cada tarde de domingo.

He visto cómo algunos hombres se reabren las heridas a propósito. Yo misma lo hago y muchas veces, sobre todo para no olvidar el peligro (que no es justificación).

Pensar que cuando te hieres en la superficie, limpias, desinfectas, controlas y hasta te echas cremas para que no quede cicatriz; sin embargo, por dentro, rasguñas y rasguñas, infectas, engangrenas... ¿Para qué? ¿Para recibir comprensivas limosnas? ¿Para justificar tu incapacidad de amar?

Vaya...

Adso said...

No ves un patrón en el tema, no quiero hacerme el sabelotodo, pero no será que de alguna manera siempre te ilusionas con el mismo tipo, en el amplio sentido de la palabra.

Quizás es el momento de detenerte un poco mas y avanzar mas despacio conociendo a la persona, dándote el tiempo de caminar sin estar de la mano y con ojos que revelan tu emoción.

Nos leemos.

adso = peregrino

http://peregrinoinmovil.wordpress.com/

Malu said...

Tienes toda la razón, Peregrino. Es que sí me he dado cuenta del patrón, sólo que no lo menciono como tal en el texto, sino que hago referencia a muchos detalles y conductas comunes, que me hacen decir: ¡Ya estoy hasta la coronilla de esto!
Un abrazo fuerte. Por ahora ni siquiera estoy observando, sino más bien metida en otros asuntos. Te contaré por msn, cuando te vea.
Abrazo.