Él sabe que no volverá a verla. También que no le echará de menos, pero su masculinidad se confabula y, pese a la necrosis de su pecho, pretende averiguar por un segundo encuentro.
Ella es un aroma. Se ha dejado sentir en sus labios, en sus colmillos, en su cuerpo, sólo esa madrugada. Le mira, sonríe, responde: ¿Acaso quieres tú verme otra vez?
Él respira con fuerza, calla un reproche, se descubre a sí mismo. “Estúpido”. Sonríen sus ojos agrios y hermosos, mira hacia el cielo. Se rinde. Sí, me gustaría. Pero no sé…
Ella acaba de sentir sólo ternura. El lobo herido yace a su lado. Es inofensivo, pero tiene espasmos de furia, trata de defenderse, de no dejarla entrar. Ella ya entró en él, sin pedir permiso. Ha visto el cielo en un éxtasis de olor, sabor. Conoce muy bien la podredumbre que ahoga el pecho de su eventual compañero, sabe que le seguirá carcomiendo el alma, hasta convertirlo en aroma, sólo sonrisas y comprensión, sólo lágrimas y señales muertas de lo que alguna vez fue un corazón.
Envidia al lobo, porque aún es capaz de sentir. Aún necesita cubrirse con escudos. Aún levanta el estandarte del amor perdido, se aferra a recuerdos con las garras, da cuerpo y nombre al sufrimiento.
Ella ya olvidó, pero también está muerta y eso es bueno.
Entre gruñidos, el lobo suelta su carga. Cuenta, con desprecio y dignidad de fiera, que habría matado por quien, ahora, lo rechaza. Ella responde con un susurro fresco. Su mayor sacrificio, piensa sin decir (decir no tiene caso), no fue matar por su amado, sino regalarle su vida. Dejarse matar.
La excitante tristeza empieza a diluirse…
Ambos esperan el día. Él ya descubrió -ya entendió- que ha hecho el amor consigo mismo y no hay más. Nada sorprende ni aflige a aquella hada extraña, hada loca, que recogió en el mar.
Ella disfruta sentirse mujer, sólo por unas horas, y dormitar acurrucada bajo un brazo, sobre un pecho, sin pensar que la luz se filtra por la persiana y ya casi es hora de hacer el café.
Bajo el sol, él volverá a ser sólo un muchacho amargado por un antiguo despecho. Ella será lo que quiera, está por sobre sí misma… Nada va a perder.
Ella es un aroma. Se ha dejado sentir en sus labios, en sus colmillos, en su cuerpo, sólo esa madrugada. Le mira, sonríe, responde: ¿Acaso quieres tú verme otra vez?
Él respira con fuerza, calla un reproche, se descubre a sí mismo. “Estúpido”. Sonríen sus ojos agrios y hermosos, mira hacia el cielo. Se rinde. Sí, me gustaría. Pero no sé…
Ella acaba de sentir sólo ternura. El lobo herido yace a su lado. Es inofensivo, pero tiene espasmos de furia, trata de defenderse, de no dejarla entrar. Ella ya entró en él, sin pedir permiso. Ha visto el cielo en un éxtasis de olor, sabor. Conoce muy bien la podredumbre que ahoga el pecho de su eventual compañero, sabe que le seguirá carcomiendo el alma, hasta convertirlo en aroma, sólo sonrisas y comprensión, sólo lágrimas y señales muertas de lo que alguna vez fue un corazón.
Envidia al lobo, porque aún es capaz de sentir. Aún necesita cubrirse con escudos. Aún levanta el estandarte del amor perdido, se aferra a recuerdos con las garras, da cuerpo y nombre al sufrimiento.
Ella ya olvidó, pero también está muerta y eso es bueno.
Entre gruñidos, el lobo suelta su carga. Cuenta, con desprecio y dignidad de fiera, que habría matado por quien, ahora, lo rechaza. Ella responde con un susurro fresco. Su mayor sacrificio, piensa sin decir (decir no tiene caso), no fue matar por su amado, sino regalarle su vida. Dejarse matar.
La excitante tristeza empieza a diluirse…
Ambos esperan el día. Él ya descubrió -ya entendió- que ha hecho el amor consigo mismo y no hay más. Nada sorprende ni aflige a aquella hada extraña, hada loca, que recogió en el mar.
Ella disfruta sentirse mujer, sólo por unas horas, y dormitar acurrucada bajo un brazo, sobre un pecho, sin pensar que la luz se filtra por la persiana y ya casi es hora de hacer el café.
Bajo el sol, él volverá a ser sólo un muchacho amargado por un antiguo despecho. Ella será lo que quiera, está por sobre sí misma… Nada va a perder.
3 comments:
¡El lobo y el petirrojo!... ¡Qué buena imagen!
Un lobo con piel de cordero amiga..
Y tu, una sirena? naaaaaa.. sos mucho mas que eso...
Sos una diosa del mar que por haber entregado su alma al mar.. vaga en busca de su amor perdido
mmmmm.. lobo ... diosa de mar... incompatibilidad de caracteres diria Sabina...
Besos desde aqui y gracias por el mail! te espero leer con ansias,
Tu amiga
Nani
me gusta tu bloG!
buscando la palabra promiscua te encontré..
el mio esta recien exo..
acabando de saber como vaa.. xD
kuidate!
besos
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