
Creo que la libertad empezó cuando decidí dejar de culparme, aceptarme diferente (como todo y todos) y no hacer caso a mamá cada vez que hacía responsable a mi abuela paterna de mis genes de perversión, indecencia y libidinosidad. Era tedioso escuchar sus curiosas conclusiones sobre mi "endemoniada" mirada, cuando andaba conmigo por la calle y los hombres se me quedaban viendo como idiotas.
Es que soy bonita. No tendré el súper cuerpo, pero soy bonita. Además, miro a los ojos y eso, hoy por hoy, llama la atención. Y mi mirada no es sexual. Escudriña, sí. Resulta impertinente, de acuerdo. Pero no es sexual, sino parte de mí, parte de toda yo, incluso mi sexualidad, pero sin ánimo de ofender o parecer lasciva.
Algún cabrón condicionó mi corazón a mi sexualidad, pero noto que eso, poco a poco, se cura. Y no soy yo la mujer que anoche se acostó con el más rico de sus amantes, sino la que ahora escribe en la laptop y acaba de terminar un trabajo importante. O soy todas, la amante, la trabajadora hábil, pero sin mezclar.
No es preciso mezclar, cada momento tiene eso, su momento, su espacio, su tiempo. Anoche disfruté como hace mucho no lo hacía, y puedo decir que le amo con toda mi gratitud, pero no estoy enamorada de él, lo cual, a fin de cuentas, me sabe a dulce y me da paz.
Pero no más que eso anoche y lo de hoy, hoy. No debemos permitir que se nos sexualice todo el tiempo, no debemos vivir con una autopercepción sexualizada. Somos personas. Somos humanas. Una vez al mes deseamos más chocolate que otros días y eso no debería avergonzarnos. Tenemos ganas. Satisfacemos las ganas y, luego de eso, tenemos mil cosas más por hacer, como cualquier hija de vecina.
Fuera culpas.
Es que soy bonita. No tendré el súper cuerpo, pero soy bonita. Además, miro a los ojos y eso, hoy por hoy, llama la atención. Y mi mirada no es sexual. Escudriña, sí. Resulta impertinente, de acuerdo. Pero no es sexual, sino parte de mí, parte de toda yo, incluso mi sexualidad, pero sin ánimo de ofender o parecer lasciva.
Algún cabrón condicionó mi corazón a mi sexualidad, pero noto que eso, poco a poco, se cura. Y no soy yo la mujer que anoche se acostó con el más rico de sus amantes, sino la que ahora escribe en la laptop y acaba de terminar un trabajo importante. O soy todas, la amante, la trabajadora hábil, pero sin mezclar.
No es preciso mezclar, cada momento tiene eso, su momento, su espacio, su tiempo. Anoche disfruté como hace mucho no lo hacía, y puedo decir que le amo con toda mi gratitud, pero no estoy enamorada de él, lo cual, a fin de cuentas, me sabe a dulce y me da paz.
Pero no más que eso anoche y lo de hoy, hoy. No debemos permitir que se nos sexualice todo el tiempo, no debemos vivir con una autopercepción sexualizada. Somos personas. Somos humanas. Una vez al mes deseamos más chocolate que otros días y eso no debería avergonzarnos. Tenemos ganas. Satisfacemos las ganas y, luego de eso, tenemos mil cosas más por hacer, como cualquier hija de vecina.
Fuera culpas.
1 comments:
arriba el chocolate.. por cierto me gusta cuando lo mencionas.. lo malo es que es una de mis debilidades en malteada.. doy la vida por ello...
entiendo tu punto de vista sexual.. por cierto.. debe de ser una mirada provocativamente tierna la que posees...
muy bonitas pero penetrantes notas...
cariñitos pa tu blog..:)
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