
El fin de semana decidí, finalmente, tragarme todos mis reparos y tirar con un chico que desde hace un tiempo se moría por hacerme el amor. No me atrae físicamente, pero no negaré que me ha deslumbrado en repetidas ocasiones con sus atenciones constantes y su pose de caballero andante para conmigo, su princesa, su hada o qué sé yo.
Es de esos seres humanos maravillosos que nos recuerdan a algunas mujeres, decepcionadas en general del amor y desconfiadas de las relaciones de pareja, cuán valiosas somos en nuestra cotidianidad, lo grande de nuestros corazones y lo importante que es, para personas que nos quieren, nuestra simple y llana sonrisa.
Justamente por esto, por saber con claridad que el chico se ha pasado varios meses enamorado de mí, lo mantuve bastante al margen de mi sexualidad. Además, es amigo de un ex – amante y hay cosas que es mejor no mezclar. Pero bueno, el ex – amante está lejos y pese a que seguramente habrá un momento de enfrentamiento y transparencia entre nosotros (siquiera para no terminar mal del todo), pues ya no le debo nada a estas alturas.
No diré que es la primera vez que me acuesto con alguien por gratitud, pero sí la única ocasión en que no tenía ganas. El chico besa rico, pero tanta ternura-sin-morbo empalaga y preocupa. Luego, es un poco tosco. Eso, o mi amiga (vagina) se ha quedado resentida de tanta aventura estúpida y ha decidido darse de baja al placer por una buena temporada. Sabrá Dios.
Ninguno de los dos acabó en las dos ocasiones que estuvimos juntos. De un tirón, claro, que estas cosas tampoco son para repetirlas con todo y encuentros previos. Digo: una antes de dormir y otra por la mañana, cuando a los hombres los despierta la erección matutina, se les disuelven las pupilas en el iris y ponen cara de tiburones ciegos por pura gana de joder (joder de joder, no de fastidiar).
Pasado el fiasco de la noche, cuando me dio el bajón y nos quedamos quietecitos, luego a cenar en su casa (yo, con repetición, que la ausencia de morbo se me ha convertido en apetito alimentario voraz), nos retiramos a dormir. Él, en vela buena parte de la madrugada, mirándome, cuidándome, respirando cada segundo de un sueño que se le había convertido en realidad. Carajo, ¿por qué tanta melosería no puede ser recíproca, siquiera para sentirme también embargada de ilusión y cursilería, en vez de quejarme porque alguien me ama?
Cómo es la vida.
Por la mañana: el tiburón ciego. No, pues, no podía ser diferente a todos los demás hombres del mundo. Venga a besarme, a manosearme con toda la dulzura posible, a besarme más y decirme mil y una huachaferías de lo más lindas, que enternecerían a la bruja más escéptica y a la mismísima “niña mala”. Yo, cediendo nomás, que mucho le debo a este chico como para demostrarle que me estaba muriendo de agobio. Que sería muy feo si me lo hacen a mí, que son cosas que lastiman y no merece la pena perder la amistad y el cariño de un tipo tan bueno por pura desconexión sexual.
Y… Nada más. Creo haber llegado a mi límite cuando en el colmo de su emoción (y mi dolor) lo abracé fuertemente, para que sienta mi calor y mi disponibilidad, mientras pensaba: “¡Termina ya de una puta vez, por favor!”.
Es raro, pero pese a todo no me parece una experiencia indigna de recordar. Será que lo quiero mucho o qué sé yo. Algo dentro de mí se está petrificando.
Es de esos seres humanos maravillosos que nos recuerdan a algunas mujeres, decepcionadas en general del amor y desconfiadas de las relaciones de pareja, cuán valiosas somos en nuestra cotidianidad, lo grande de nuestros corazones y lo importante que es, para personas que nos quieren, nuestra simple y llana sonrisa.
Justamente por esto, por saber con claridad que el chico se ha pasado varios meses enamorado de mí, lo mantuve bastante al margen de mi sexualidad. Además, es amigo de un ex – amante y hay cosas que es mejor no mezclar. Pero bueno, el ex – amante está lejos y pese a que seguramente habrá un momento de enfrentamiento y transparencia entre nosotros (siquiera para no terminar mal del todo), pues ya no le debo nada a estas alturas.
No diré que es la primera vez que me acuesto con alguien por gratitud, pero sí la única ocasión en que no tenía ganas. El chico besa rico, pero tanta ternura-sin-morbo empalaga y preocupa. Luego, es un poco tosco. Eso, o mi amiga (vagina) se ha quedado resentida de tanta aventura estúpida y ha decidido darse de baja al placer por una buena temporada. Sabrá Dios.
Ninguno de los dos acabó en las dos ocasiones que estuvimos juntos. De un tirón, claro, que estas cosas tampoco son para repetirlas con todo y encuentros previos. Digo: una antes de dormir y otra por la mañana, cuando a los hombres los despierta la erección matutina, se les disuelven las pupilas en el iris y ponen cara de tiburones ciegos por pura gana de joder (joder de joder, no de fastidiar).
Pasado el fiasco de la noche, cuando me dio el bajón y nos quedamos quietecitos, luego a cenar en su casa (yo, con repetición, que la ausencia de morbo se me ha convertido en apetito alimentario voraz), nos retiramos a dormir. Él, en vela buena parte de la madrugada, mirándome, cuidándome, respirando cada segundo de un sueño que se le había convertido en realidad. Carajo, ¿por qué tanta melosería no puede ser recíproca, siquiera para sentirme también embargada de ilusión y cursilería, en vez de quejarme porque alguien me ama?
Cómo es la vida.
Por la mañana: el tiburón ciego. No, pues, no podía ser diferente a todos los demás hombres del mundo. Venga a besarme, a manosearme con toda la dulzura posible, a besarme más y decirme mil y una huachaferías de lo más lindas, que enternecerían a la bruja más escéptica y a la mismísima “niña mala”. Yo, cediendo nomás, que mucho le debo a este chico como para demostrarle que me estaba muriendo de agobio. Que sería muy feo si me lo hacen a mí, que son cosas que lastiman y no merece la pena perder la amistad y el cariño de un tipo tan bueno por pura desconexión sexual.
Y… Nada más. Creo haber llegado a mi límite cuando en el colmo de su emoción (y mi dolor) lo abracé fuertemente, para que sienta mi calor y mi disponibilidad, mientras pensaba: “¡Termina ya de una puta vez, por favor!”.
Es raro, pero pese a todo no me parece una experiencia indigna de recordar. Será que lo quiero mucho o qué sé yo. Algo dentro de mí se está petrificando.
12 comments:
Si fuera él no me gustaría haber leído lo que he leído.
Creo que tampoco podría haber escrito lo que has escrito, a pesar de las ganas de escribirlo. Pero está bueno.
No estás enamorada de él, pero creo que lo amas... y que te odias a ti misma por eso.
Se llama soberbia, cariño mío. Que no se te olvide.
Es interesante lo que escribiste, supongo que lo hiciste porque tenias deseo, querias tener sexo y él, aunque no lo amabas, era una persona conocida e inofensiva.
El tambien queria hacerlo y ya te lo habia pedido, o sea que eran dos personas adultas y sabian porque estaban haciendolo. Asi que no nos hagamos los inocentes. Seria ideal que le dijeras lo mas pronto posible que no quieres tener nada sentimental con él, sino conmigo -mentira-, porque sino se te va a pegar como chicle y te va a joder la vida.
Bueno, lo que siempre he sabido en la experiencia de amigos y la mia propia es cuando una chica no quiere algo contigo, pues no quiere y punto. Uno caballero nomas debe quitarse, es lo mas sabio. Pero aqui le hiciste caso al pata a pesar de que no lo quieres, me gustaria saber qué cosas sentiste o que te hizo llegar a esa decisión.
Chévere tu post.
Giovanni
Josefo: sí, lo escrito duele, pero no sé si más en el orgullo o en el corazón. En todo caso, tengo este blog a buen recaudo.
Angela: sí, lo amo, a mi modo. Pero bueno, ya tú sabes cómo andan las cosas por aquí arriba y es mejor, mientras los cables sigan cruzado, no darle más vueltas al asunto.
Giovanni: lo hice por gratitud. Muchas veces, las mujeres (sobre todo las mujeres, porque nos es más propio) hacemos las cosas por gratitud, incluso ésta. Mejor dicho, no fue el típico momento: "tengo ganas, tienes ganas, chévere", lo habría disfrutado más si acaso hubiese sido así.
En fin, cosas que a veces pasan.
Besos.
eso sono a sexo por compasion, ughh, impasable, insufrible
Tú lo has dicho...
CREO QUE NUESTRAS PEQUEÑAS "FLORES" VIVEN TAMBIEN SU PERIODO DE DUELO Y SE RESIENTEN Y TEMEN Y SUFREN Y TODO ESO..QUIZAS SEA ELLO LO QUE TE OCURRE CON EL..SOLO DILE QUE LA TRATE CON CARIÑO Y QUIZAS ELLA EMPIECE A SANAR SUS HERIDAS AL IGUAL QUE TU...PERO SI QUE ES UN PROCESO DIFICIL....UN BESO..ME ENCANTA LEERTE DE NUEVO
El fuego de toda pasión mal asimilada trae como consecuencia el miedo al error, quizá sea solo eso.
Saludos...
Excelente relato Malu!!! A veces la vida es asi... relàjate y goza
Diablos que fuerte. No sabia que las mujeres hacen el amor por gratitud, ¿Gratitud a sus halagos y galanteria? ...uuuuuta q feo.
Pensaba que los hombres lo hacemos p q somos más animales, más carnales, nos excitamos en un 2x3 en cambio la mujer todo lo puede repensar, conceptualizar y todos los ...demas ar.
No es gratitud a la galantería, ni son ganas, Alf, por ello tu comparación con los hombres es errónea. Creo que sería mucho más fácil pensar, por ejemplo, en una chica muy buena que alguna vez te ha querido y a ti no te gustó para nada. Ella, todo el tiempo detrás, todo el día dispuesta, siempre ayudándote, cuidando de ti, regalándote a borbotones su cariño. Tú, sin poder quererla del modo en que ella quisiera...
También te diré que no siempre estamos excitadas cuando hacemos el amor, hay formas de desconectar. Resignación, de eso hablo en este post, eso era lo que me dolía (y, pensándolo bien, aún me duele y asquea).
En fin, no quiero tener que volver a fingir orgasmos en lo que me queda de vida...
Por último, somos tan humanas como ustedes y tenemos ganas, como ustedes. La capacidad de contención la tenemos ambos sexos, pero la convención social ha sido siempre más permisiva con los niños y ha obligado a las niñas a "mantener las formas".
Lo que las mujeres debemos aprender es a escoger.
Post a Comment