Friday, December 12, 2008

Palabras importantes


Hace tres años que no tiro con alguien a quien poder decirle “te quiero”. Lo mismo desde que no escucho que me lo digan en contexto de pareja. Hubo un recíproco “te quiero mucho” meses después, que también recuerdo con dulzura. Ambas rupturas fueron dolorosas, una más que la otra, sin embargo, no se me olvida el aroma de eso llamado sexo con amor y demás rosas.

Es bonito, muy bonito, no lo voy a negar. Y no siento nostalgia de ello, pues no echo de menos como amantes a quienes me acompañaron entonces. Sería injusta, sin embargo, si niego el disfrute especial que significa poder unir placer físico y emotividad. Dejar fluir la emotividad, reír, llorar, mostrar todo el cariño en la mirada, sin ofrecer disculpas o fingir cinismo.

Ha sucedido en otra ocasión que me he encariñado profundamente con un compañero de viaje y aún recuerdo con ternura nuestras interacciones buenas, sexuales y no sexuales. Las malas fueron malísimas y no tiene caso hablar de ellas hoy. Un poco bestias los niños de este país, sobre todo cuando están empeñados en dejar marcados sus límites y mostrar total desapego, a como dé lugar (da igual si hieren, mientras no les duela a ellos).

Debo mencionar también a aquél amante esporádico y nuestros encuentros cada cinco meses, en diferentes ciudades de nuestro ir y regresar. Le veré en algunos días, vuelo trasatlántico mediante. Los “te quiero” fluyen naturalmente, pero no voy a engañarme, la entrega no llega a ser total. Mejor dicho, lo es, desde que nos miramos a los ojos hasta que recogemos nuestras maletas y cada quién por su lado. Pero es así, está delimitada. Aprovechamos los momentos para amarnos con todo el corazón, todo lo que él no puede amar por bloqueo a quien le acompaña diariamente en casa (convive con su novia) y lo que yo no puedo amar porque el resto de la humanidad masculina me genera desconfianza.

Sí, el hombre tiene novia, la conoció cuando salía conmigo. Su ventaja sobre mí: ella pudo mover su vida, instalarse en su ciudad y su departamento. Yo no. Y habría dudado en hacerlo, si hubiese podido: él es de esos seres humanos tóxicos, buenísimos, pero tóxicos, que han quedado marcados por una ruptura y pasan sus momentos muertos llorando por haber perdido al amor de sus vidas, sin ser capaces de compartirse otra vez. Yo me estoy convirtiendo en eso también. Quizás sea el motivo por el cual congeniamos y podemos pasar por alto cualquier vestigio de moral. Lo conozco demasiado y no deseo esperar de él más que nuestros encuentros, nuestra pasión y nuestro inmenso cariño.

Es que además, y por sobre todo, lo amo. Y lo amo porque es uno de mis ángeles, porque tengo miles de motivos, y no voy a reducir mi relación con él a un emparejamiento convencional. Sin embargo, he de admitir que a su lado me siento cómoda, pero no plena. Y que, cada vez, rechazo más ese tipo de plenitud.

Por otro lado, están los rollos de noches vacías, motivados generalmente por alcohol, frío y, a estas alturas, resignación al disfrute, aunque sea éste cada vez menos intenso y más monótono. Un ajuste de cuentas, un agradecimiento, una manera de romper el idealismo y mandar todo al diablo, de una buena vez.

Me he acostado con muchos hombres, más de los que hubiera deseado cuando era virgen, o cuando estuve enamorada de mi primer amante, a quien amé con mi vida y por quien casi muero de tristeza y dolor. Desde entonces, he ido generando una coraza. Mentiría al decir que no tengo lágrimas, las tengo, he llorado muchísimo, sigo llorando ante un desplante o un mal trato. Es que me encariño con facilidad, por puro instinto. Valoro la conexión y he esperado vanamente que aquél con quien tuve mayor conexión sexual, la valore también.

Las decepciones siempre duelen y el personaje de este blog no puede mantener la careta intacta todo el tiempo. Suelo ser dulce, suelo abrazar, besar, hablar a susurros, sonreír. Por eso, cuando el fin de semana decidí tirar con alguien para luego mandarlo a paseo, opté por no dormir a su lado. Gracias, pero tu sofá se ve acogedor. Antes de mudarme, abrazados, me dijo: “Esto ha sido muy bonito, pero no se puede repetir”. Respondí: “OK”. Él: “¿Por qué? Porque viene mi novia y nuestra relación es libre sólo cuando estamos lejos, pero…” Yo: “No te he preguntado porqué. Te he dicho OK”.

Ahí quedó. Satisfecha la curiosidad y destrozado el ensueño, todo puede volver a la normalidad. No es el método adecuado, lo acepto, pero una vez metida en este tráfico, en estos círculos de libido y favores condicionados, a veces no queda otra opción, o una opción menos dañina.

Sin embargo, lo sé, me he hecho mucho daño.

Otras de mis tareas pendientes fue hablar con el hombre que inspiró mi triste post anterior. Lo encontré días después, porque fui a su ciudad, y me saludó emotivo, con besos y abrazos. Me quedé fría y le correspondí… Le correspondí porque su cariño me hace sentir culpable y vulnerable, se me revuelve el estómago pensando en que alguien puede quererme de verdad y no le dejo, me compromete con sus detalles y atenciones, ya no sólo conmigo, sino con mis amigas (la colombiana ha de saber un día que sus muletas prestadas me han costado un polvo, por ejemplo).

Decidí cortar también esta situación. No más dudas para mí, ni potenciales heridas para él. Quedamos en encontrarnos para comer, preparé un discurso apropiado, que soy una inestable, que tengo miedo, que no es el momento, estupideces que las personas decimos a veces para intentar no fastidiar tanto a quien no queremos querer. Bien, vamos pues.

Íbamos en su auto, él todo radiante de alegría (¡Dios mío!) y entre datos superficiales, me comunica que el chico con quien estuve saliendo hace algunos meses, que rompió cruelmente mi corazón (pues sí, tengo corazón, le quise mucho y confié en no recibir un trato hiriente de su parte, sobre todo habiendo terminado la relación y quedado intacta su independencia), ya tenía novia, ya se había dejado enganchar, ya lo había anunciado públicamente en alguna de esas redes de amigos por Internet.

Me quedé sin aire, sin habla, sin tino. Luego de algunos minutos en shock, empecé a llorar desconsoladamente, no sé si por haber estado enamorada o por la sensación de maltrato luego de pasar varios meses haciendo mi mejor esfuerzo para lograr siquiera y entre tanta tormenta, una historia bonita con final feliz. Es verdad, el ex – amante implicado había ya arruinado los recuerdos, pero abrigaba yo la esperanza de que se convirtiera en un buen amigo, en un aliado, por respeto a la química, a la dedicación, al cariño y la apertura con fecha de caducidad. Pero no, ni siquiera se atrevió a contarme cómo iban sus planes y su vida en la lejanía, sino, sencillamente, envió un par de e-mails por semestre, con algún escueto: “cuéntame cómo estás” con sabor a compromiso y buena educación. Nada más.

A fin de cuentas, soy un ser humano.

Presentía algo así, por eso mismo me di de baja, hace algunos meses, en todas esas historias de amigos por Internet. Lógica básica: quien quiera saber de mí, ya me escribirá. Por eso tanto miedo. Debía, sin embargo, enfrentar la ciudad donde en breve he de trabajar algún tiempo, allanar el camino, cortar todos los círculos efervescentes de sexo, lujuria y resignación. Blue Evangelion, tienes razón, llevo muchos años sin salir de un periodo de duelo y echándome encima otros tantos y todo hastía, cansa, asquea.

Volver a ser capaz de decir “te quiero” cuando hago el amor no depende de encontrar un hombre buenísimo, que quiera existir para complacerme, aunque mi madre diga lo contrario e insista con aquello de que “debo dejarme escoger”. Volver a ser capaz de decir “te quiero” depende de mi salud emocional, mis heridas curadas, mis miedos vencidos, mi vista aguda y mi inteligencia en la elección. Volver a ser capaz de decir “te quiero” depende de mí.

No más placebos para esta promiscua que se está muriendo de sueño. No más por hoy.

10 comments:

Lisett said...

EScribiendo a las 4 de la mañana..
Eso me parece conocido...

Te leo por primera vez y si,
es cierto,
se extraña decir te quiero alguna vez...

Eso es lo que muchos hombres no entiende, el sexo por placer es bueno, pero tambien llega a hartar, y hacen faltas esas caricias innecesarias, esos besos tiernos y esos te quieros despues de hacerlo...

Esperar amiga, esperar...
Que queda?

Te agrego a mi blogroll me encanto tu blog.

Angela said...

¡Amén!...
¿Amén?

BLUEEVANGELION said...

dECIR TE QUIERO..YA PARA MI NO SIGNIFICA MUCHO..SERA POR QUE EL ULTIMO HOMBRE K ME LO DIJO USA LOS TE QUIEROS PARA INTENTAR LIGARTE O MANIPULARTE, COMO UN ESCUDO PARA NO PARECER UN MALDITO CANALLA O PARA DESPERTAR TU TERNURA Y USAR MEJOR SU STRAEGIA..
K TRISTE ME SABEN LOS TE KIERO AHORA
POR FAVOR: NO TE VAYAS TANTO TIEMPO ..ME HACE MUY BIEN LEER TU BLOG...ME AYUDAS A LIBERARME DE MIS DEMONIOS Y D ELOS SENTIIENTOS QUE AUN TENGO POR ELLOS

Giovanni said...

Bueno, eso de decir "te quiero" depende de quien te lo diga, creo que las chicas se dan cuenta cuando un chico es falso y solo lo dice para estar con ella en la intimidad. No nos hagamos los inocentes.
Entonces, depende de la chica si quieren estar con un chico falso o "tramposo" como le llaman aca.
Yo he tenido sexo con chicas a las cuales no queria y nunca he tenido la necesidad de mentir, lo que pasa es que muchos lo dicen solo para tener sexo con las chicas, casi como un manotazo de ahogado, no tienen como demostrar que son el "chico bueno", merecedores de estar con una chica.
Por lo demas solo lo he dicho un par de veces y las chicas que si queria y que se lo merecian.

Muy buen post, me gusto mucho leerlo

Giovanni

Troba said...

y aún así,
existen poemas
con la palabra
te
quiero
Hace 3 años que no lo puedes decir
hace 3 años que tienes un blog
Hace 15 minutos que te leo
Hace 3 minutos que te escribo
El poeta Scorza, diría que hace cincuenta mil años, en la piel de las cavernas,comencé a grabar estas líneas.
Y tiene razón, aviento palabras contra el cielo indiferente de cristal líquido...
Besos grises, pasaré seguido

Edilberto Cabrera said...

Acabo de caer aquí. Las estoy leyendo. Me gusta el enfoque de los temas. Ya comentaré.

Del Suplicio said...

2° espacio y tiempo en que las historias se apropian y se vuelven cómplices de quien se interna en ellas...

Entiendo, pero desde este lado...

popoloco want peace said...

primera vez por aki.. la verdad.. nuestros escritos parecen uno.. pues yo tambien tengo heridas que curar... y historias que contar.. a pesar de mis 21 añitos.. he pasado muchas..

me gustaron tus notas.. son muy lindas.. tristes y al mismo tiempo profundas y realistas..
yo tambien extraño decir te quiero..
lo malo es que aveces queremos decirle a alguien que creemos que lo merece.. y no tiene ni la cuarta parte del galardon que lo acredita merecedor o merecedora de recibir una manta de te quieros de nuestra parte...

para mi el amor esta dormido.. yo diria muerto.. pero me han dicho que no muere.. que simplemente viaja y vuelve cuando quiere...

Dios bendiga tus notas.. tus manos.. tus caminos.. y claro.. tu dulce, tontito, y precioso corazon..

cariño pa tu blog..

Alf said...

Bacanes tus reflexiones. Hoy en dia decir un te quiero, un te amo, lo utilizan me parece facilmente sin sentirlo realmente, como moneda corriente y creo que es mas bonito reservarlo para unas pocas y buenas ocasiones. Particularmente las he dicho pocas veces, por q tienen que salir de adentro. Me gusto lo de marcados x una ruptura, esto nos puede volver melancolicos en gran parte de nuestra vidas, pero no llorosos, nunca, pues querria decir que todavia no lo superamos (quiere decir ahi que la pareja actual, no te llena por que no te saca de ese estado), entonces uno tiene que quererse y no tomar a una persona en ese estado. (Me explique o parecio trabalenguas, no lo se).
De todos modos bacan tus reflexiones

Gleniozka said...

ola
k gracioso k yo tambien no diga "te kiero" hace casi 3 años...
Hace tiempo estaba tambien en duelo, claro k de más joven e inexperta. Me harté del sexo y decidí no estar con nadie como 2 años, ojo, ni besos ni nada...
En ese periodo me conocí más de lo ke esperaba; pienso k ese periodo de abstinencia me ayudó, demasiado diría. Y me dejó con las baterías recargadas.
XD
Saludoz