
Una afirmación comodín que solemos hacer las personas cuando no estamos seguras de dar la talla en una relación, del calibre que ésta sea, es: “No quiero hacerte daño”.
En mi experiencia, han sido sólo amantes o candidatos a amantes quienes me la han dejado caer con total desparpajo, cara de madurez y demás gestos de superioridad que suelen adoptar quienes creen ser dueños de verdades y control total sobre los sentimientos.
Muchas de esas veces, he de aceptarlo, cometí el error de sentir miedo y tristeza ante tal declaración de dolor anunciado. Porque claro, al decirlo sencillamente te transfieren la responsabilidad de cuidar de tu propio corazón. Que es verdad, cada quién debe velar por su bienestar, pero también es cierto, y esto no debemos olvidarlo, que en una relación participan dos personas y ambas son responsables de lo bueno o malo que ocurra en el interactuar.
Da igual de qué clase o nivel de intimidad hablamos. Si se trata de “sólo amigos con encuentros sexuales”, también debe haber un trato que satisfaga a ambos. Cortesía, amabilidad, diplomacia, qué sé yo. Los códigos de conducta naturales exigen cuidar del compañero de camino, aunque éste nos vaya a ser esporádico. Uno nunca sabe…
Si se transgreden estos límites, se corre el riesgo de cosificar al otro, utilizarlo como quien usa y deshecha un objeto descartable, con el alivio de haber advertido de antemano, cómo no, que no querían hacer daño.
Ahora bien, he conocido personas (demasiadas) que a estas alturas de su juventud ya están habituadas a la superficialidad y se les hace fácil ir por ahí sin implicarse y, por ende, sin sufrir. ¿Sin sufrir? No lo sé. Igual es verdad y hay que aprender a ser prácticos en la vida. Yo lo soy en muchos aspectos, pero he de reconocer que estoy más contenta conmigo misma cuando no hago doler. Cuando alguien ha llorado por culpa mía, también me ha dolido.
El otro día sufrí un “ataque de ternura” con el chico “normal” que ahora me acompaña algunos fines de semana. Es verdad que mientras lleve encima la mochila de la inestabilidad no me dará la conciencia para enamorar a alguien de manera inevitable, pues me voy a ir (insisto con eso de no hacer daño), pero a veces, en el camino, dos almitas rotas se encuentran y deciden ayudarse a sanar, con la esperanza de recordarse con cariño y gratitud. No puede haber más (por lo pronto).
Continúo, ataque de ternura. Él, un joven local de treinta y pocos, acostumbrado a un trato más rudo y sin mucho éxito en ligues de fines de semana (porque también hay mujeres estúpidas, no le veo otra explicación, ¡con lo interesante que es, caramba!), me dijo, abrazándome: “No te acostumbres a mí, no quiero hacerte daño”.
Se me encendieron las alarmas y lo mandé al carajo, sin lugar a explicación.
Un par de días después, afortunadamente, decidimos encontrarnos y conversar. Y en medio del diálogo sereno me atreví, por fin, a decirle la respuesta adecuada: “Si no quieres hacerme daño, entonces no me lo hagas”.
Es la gracia de estar con alguien. Aquí donde vivo, las relaciones se entienden como un compartir de placer y compañía y una lucha constante por no enamorarse o encariñarse. Gana el que menos se implica y quien llora tiene la culpa por dejarse dañar. No me parece justo. Creo que es importante cuidar de quien nos acompaña, sobre todo si se comporta bonito…
En fin, la pasión es otra cosa, pero una maniaco-depresiva como esta servidora ya no puede seguir dándose el lujo de que la revienten a voluntad, sólo por “sentir”. Se me acabó el romanticismo aprendido desde pequeña, ahora quiero estar bien, así, sin más.
En mi experiencia, han sido sólo amantes o candidatos a amantes quienes me la han dejado caer con total desparpajo, cara de madurez y demás gestos de superioridad que suelen adoptar quienes creen ser dueños de verdades y control total sobre los sentimientos.
Muchas de esas veces, he de aceptarlo, cometí el error de sentir miedo y tristeza ante tal declaración de dolor anunciado. Porque claro, al decirlo sencillamente te transfieren la responsabilidad de cuidar de tu propio corazón. Que es verdad, cada quién debe velar por su bienestar, pero también es cierto, y esto no debemos olvidarlo, que en una relación participan dos personas y ambas son responsables de lo bueno o malo que ocurra en el interactuar.
Da igual de qué clase o nivel de intimidad hablamos. Si se trata de “sólo amigos con encuentros sexuales”, también debe haber un trato que satisfaga a ambos. Cortesía, amabilidad, diplomacia, qué sé yo. Los códigos de conducta naturales exigen cuidar del compañero de camino, aunque éste nos vaya a ser esporádico. Uno nunca sabe…
Si se transgreden estos límites, se corre el riesgo de cosificar al otro, utilizarlo como quien usa y deshecha un objeto descartable, con el alivio de haber advertido de antemano, cómo no, que no querían hacer daño.
Ahora bien, he conocido personas (demasiadas) que a estas alturas de su juventud ya están habituadas a la superficialidad y se les hace fácil ir por ahí sin implicarse y, por ende, sin sufrir. ¿Sin sufrir? No lo sé. Igual es verdad y hay que aprender a ser prácticos en la vida. Yo lo soy en muchos aspectos, pero he de reconocer que estoy más contenta conmigo misma cuando no hago doler. Cuando alguien ha llorado por culpa mía, también me ha dolido.
El otro día sufrí un “ataque de ternura” con el chico “normal” que ahora me acompaña algunos fines de semana. Es verdad que mientras lleve encima la mochila de la inestabilidad no me dará la conciencia para enamorar a alguien de manera inevitable, pues me voy a ir (insisto con eso de no hacer daño), pero a veces, en el camino, dos almitas rotas se encuentran y deciden ayudarse a sanar, con la esperanza de recordarse con cariño y gratitud. No puede haber más (por lo pronto).
Continúo, ataque de ternura. Él, un joven local de treinta y pocos, acostumbrado a un trato más rudo y sin mucho éxito en ligues de fines de semana (porque también hay mujeres estúpidas, no le veo otra explicación, ¡con lo interesante que es, caramba!), me dijo, abrazándome: “No te acostumbres a mí, no quiero hacerte daño”.
Se me encendieron las alarmas y lo mandé al carajo, sin lugar a explicación.
Un par de días después, afortunadamente, decidimos encontrarnos y conversar. Y en medio del diálogo sereno me atreví, por fin, a decirle la respuesta adecuada: “Si no quieres hacerme daño, entonces no me lo hagas”.
Es la gracia de estar con alguien. Aquí donde vivo, las relaciones se entienden como un compartir de placer y compañía y una lucha constante por no enamorarse o encariñarse. Gana el que menos se implica y quien llora tiene la culpa por dejarse dañar. No me parece justo. Creo que es importante cuidar de quien nos acompaña, sobre todo si se comporta bonito…
En fin, la pasión es otra cosa, pero una maniaco-depresiva como esta servidora ya no puede seguir dándose el lujo de que la revienten a voluntad, sólo por “sentir”. Se me acabó el romanticismo aprendido desde pequeña, ahora quiero estar bien, así, sin más.
18 comments:
Ay de los amores posmodernos, de los que si llueven no se mojan, de lavar y usar...
maniaco-depresiva?
certificada por un psiquiatra o crees que lo eres? no es lo mismo ni es igual.
besos.
Certificada y patentada, ni más ni menos. Yo lo que creo es que soy una artista, pero no me hacen ni caso, jejejejeje...
Abrazo!
SERA CIERToque la gente se acostumbra ala superficialidad? CREO K KIZAS NO ES QUE SUPERCIALES CRONICOS INO QUE NOSOTROS NO LES INSPIRAMOS NADA.
SERA CIERToque la gente se acostumbra ala superficialidad? CREO K KIZAS NO ES QUE SEAN SUPERFICIALES CRONICOS SINO QUE NOSOTROS NO LES INSPIRAMOS NADA.
Ay, Blue, eso que dices lo he sentido muchas veces, incluso ahora lo siento respecto a un chico al que quise mucho y hoy anda por ahí, con novia y pasando de mí como del aire...
Sin embargo, no debemos ser injustas con nosotras mismas. Hay gente por ahí que no nos ignora, que incluso nos quiere... Eso tiene que significar algo, ¿no?
Dicen que antes que recibir hay que dar... Pero también es verdad que no debemos mantenernos todo el tiempo recibiendo cosas que nos hacen daño, mucho menos si lo que damos es bonito.
Extraña situación, tengo un pie en la contemplación y el disfrute de la etapa "boba" de una relación tranquila y el otro, en el pantano de mis demonios... A ver cuándo me estabilizo, jóooo!!!!
Un abrazo y gracias por tus comentarios, bella.
Querida Malú tu forma de expresar esos sentimientos no la puedo mejorar, es por ello que te pido permiso para publicar "La mejor respuesta" en un foro muy especial.
javi.borgia@gmail.com
Espero tú respuesta, un beso muy grande. Uno al que tambien le han hecho daño.
Toc, toc, disculpa que pase sin llamar, buceando entre los blogs tropecé con el tuyo y me quedé a leerte un rato, espero que no te importe.
Me llama poderosamente la atención las manidas frases que empleamos en nuestras relaciones para no llamar las cosas por su nombre, desde el "no hay chispa" que me han dicho a mi en al menos una docena de veces al "me agobias", todas ellas me suenan mucho al "no quiero hacerte daño", yo te prometo que quiero que me haga lo que sea la mujer de la que tengo el corazón en un vilo, no soporto la indiferencia, aunque duela, sentir algo siempre es mejor.
Perdona que me lio, me dejo un reguero de piedrecitas para saber volver, soy muy torpe con mi memoria,
Un saludo.
El daño no te lo hace nadie, ni tu agarre, amante, enamorado, novio, esposo, trampa, etc. Para nosotros daño emocional es el daño que uno mismo se hace.Si tu pareja de turno te dice que no te metas con él porque te hara daño y aún asi sufres entonces es porque tu misma te dejas hacer daño. Lo lógico es que si te previenen del asunto entonces lo mejor es evitarlo. Que tu enamorado te va a dejar y te dejara roto el corazon?, caray que si te pones a pensar de repente la que fallaste eres tu. Es tan curioso este asunto que uno llega a darse cuenta que el enamoramiento tiende a tener pinceladas de cojudez y autodestruccion, sentimiento hartamente complejo asi sea con un agarre. Si te quieres reir de los sentimientos, sexo y cojudeces entra a nuestro blog. Saludos!
Los tabas
http://torpezasexuales.blogspot.com/
Nadie está libre de los ataques de ternura, incluso cuando decidimos a priori, no involucrar sentimientos... salvo que se tenga un desorden mental, a nadie le gusta sufrir...
El problema de los sentimientos es ése: no podemos planificar o tener todo sobre control. Más que cólera me da pena las personas que piensan que siempre se puede "sentir" con el cerebro. Me digo: es porque nunca se han enamorado ¡ya los quiero ver cuando se enamoren! pagaría por ver sus reacciones.
Un gusto agradable dar con tu post.
Lo que cuentas es el resultado de tu generación super light, sin compromisos, sin comprometerse con nada ni con nadie.
Yo casi todo, lo tomo como algo personal y si es una relación de cualquier clase con mucha mayor razon.
Pero me encanta tu sinceridad.
REA.
buena conclusión y grandes palabras "si no quieres hacerme daño, pues no me lo hagas" simple y directo
un saludo !!
Me encantó "la mejor respuesta"Es tan bonita como bonito dice es cuidar a quien nos acompaña en el camino, lástima que a veces, en esto de la insatisfacción humana, miramos a otros lados, nos perdemos de vista... lo perdemos...besos
MANIACO-DEPRESIVA (ese era certificado medicamente el diagnostico de KURT)
peligrosos cariños, peligrosas mentiras, que minan el corazon y la razon!
saludos desde iquitos
中醫減重
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