A veces tengo la sensación de que S no me gusta, hormonalmente hablando. Me explico: he tenido compañeros sexuales más apasionados, con mejor performance. Las comparaciones son desagradables, lo sé, pero no puedo evitarlas a estas alturas en que me estoy planteando admitir que mi relación con S ha sido la más sólida y grata (sobre todo, grata) de todas las que he tenido, sin que ni él ni yo tengamos intenciones de coincidir en un futuro mediano.
Cuando estuve enamorada de mi ex novio peruano (el único chico al que puedo llamar “novio”, dada la cantidad de agua que ha pasado bajo el puente) pude experimentar el amor pasional que tan bien describen las novelas simples. Es lo que sucede cuando entendemos el amor en su sentido más negativo: total negación de uno mismo por el otro, dependencia, desgarro, celos, etcétera.
Si algo debo agradecerle a ese chico es el haberme permitido conocer todo eso de golpe. Aunque claro, la intensidad me hizo perder el sentido por mucho tiempo. Errores de novata. Me habría venido mejor iniciar mi vida sexual con un hombre comprensivo y seguro de sí, pero en fin, a escoger también se aprende tras las equivocaciones.
He conocido a S en un momento crítico: precisamente cuando decidía dejar de buscar una pareja y placebos varios, y apreciar otros aspectos de mi vida, otros afectos importantes y, sobre todo, a mí misma. No hace falta relatar aquí una etapa post traumática que me llevó a olvidar una cosa importantísima que todas las mujeres deberíamos saber hacer bien: Mandar a la mierda a cualquier cabrón cuando nos está haciendo daño. La repetición de un perfil masculino nocivo y la sucesión de malas experiencias, acompañados de desesperación por “tener a alguien”, son la combinación letal, el paso previo a admitir malos tratos emocionales y físicos como lo más normal del mundo. Y es demasiado fácil caer en ello.
Me encantaría ser mamá alguna vez, no lo niego, pero creo que he rebasado el límite. La mayoría de mis amigas del colegio, por ejemplo, ya están casadas y han empezado a reproducirse. Querámoslo o no, todas las mujeres del mismo entorno entramos en esa carrera que nos deja a “las rezagadas” un poco desacreditadas socialmente. Pero una vez traspasada la frontera, las personas aprendemos a valorar lo que tenemos por nosotras mismas y dejar de comprarnos con las demás.
S no es mi novio de verdad. Con él aún percibo el vacío del “sí, pero no”, y me da un poco de rabia no poder hincarle el diente a algo “concreto”. Pero ese querer suyo tan desinteresado y sincero, me anima a quererle también, y confiar en él. No llega a niveles ridículamente redentores de proponerme “amor pese a mis infidelidades” (que ya me ha pasado con algún buen hombre), pero está atento a mis problemas y necesidades, y siempre está dispuesto, con la cabeza fría, a ayudarme a salir de los berenjenales en los que suelo meterme.
S es mi amigo. He hecho un buen amigo. No me va a decir nada hiriente por e-mail cuando nos hayamos separado (seguramente antes lo haré yo, en alguna pataleta, pobre hombre), ni comentará cosas íntimas de nuestra relación con conocidos en común.
Como dije antes, nos desnudamos demasiado rápido y no lo hicimos de verdad. Esa noche en el hotel, ambos morimos un poquito. Él perdió toda concentración posible y a mí empezó a dolerme la garganta, me dio fiebre y escalofríos. Intenté complacerlo pese a todo y él, enfadado y confundido, no pudo ocultar su nobleza. Me compró pastillas. Se quedó conmigo. Cuidó de mí.
Y cuida de mí desde entonces…
(He empezado a llorar)
Voy a echarlo mucho de menos.
Cuando estuve enamorada de mi ex novio peruano (el único chico al que puedo llamar “novio”, dada la cantidad de agua que ha pasado bajo el puente) pude experimentar el amor pasional que tan bien describen las novelas simples. Es lo que sucede cuando entendemos el amor en su sentido más negativo: total negación de uno mismo por el otro, dependencia, desgarro, celos, etcétera.
Si algo debo agradecerle a ese chico es el haberme permitido conocer todo eso de golpe. Aunque claro, la intensidad me hizo perder el sentido por mucho tiempo. Errores de novata. Me habría venido mejor iniciar mi vida sexual con un hombre comprensivo y seguro de sí, pero en fin, a escoger también se aprende tras las equivocaciones.
He conocido a S en un momento crítico: precisamente cuando decidía dejar de buscar una pareja y placebos varios, y apreciar otros aspectos de mi vida, otros afectos importantes y, sobre todo, a mí misma. No hace falta relatar aquí una etapa post traumática que me llevó a olvidar una cosa importantísima que todas las mujeres deberíamos saber hacer bien: Mandar a la mierda a cualquier cabrón cuando nos está haciendo daño. La repetición de un perfil masculino nocivo y la sucesión de malas experiencias, acompañados de desesperación por “tener a alguien”, son la combinación letal, el paso previo a admitir malos tratos emocionales y físicos como lo más normal del mundo. Y es demasiado fácil caer en ello.
Me encantaría ser mamá alguna vez, no lo niego, pero creo que he rebasado el límite. La mayoría de mis amigas del colegio, por ejemplo, ya están casadas y han empezado a reproducirse. Querámoslo o no, todas las mujeres del mismo entorno entramos en esa carrera que nos deja a “las rezagadas” un poco desacreditadas socialmente. Pero una vez traspasada la frontera, las personas aprendemos a valorar lo que tenemos por nosotras mismas y dejar de comprarnos con las demás.
S no es mi novio de verdad. Con él aún percibo el vacío del “sí, pero no”, y me da un poco de rabia no poder hincarle el diente a algo “concreto”. Pero ese querer suyo tan desinteresado y sincero, me anima a quererle también, y confiar en él. No llega a niveles ridículamente redentores de proponerme “amor pese a mis infidelidades” (que ya me ha pasado con algún buen hombre), pero está atento a mis problemas y necesidades, y siempre está dispuesto, con la cabeza fría, a ayudarme a salir de los berenjenales en los que suelo meterme.
S es mi amigo. He hecho un buen amigo. No me va a decir nada hiriente por e-mail cuando nos hayamos separado (seguramente antes lo haré yo, en alguna pataleta, pobre hombre), ni comentará cosas íntimas de nuestra relación con conocidos en común.
Como dije antes, nos desnudamos demasiado rápido y no lo hicimos de verdad. Esa noche en el hotel, ambos morimos un poquito. Él perdió toda concentración posible y a mí empezó a dolerme la garganta, me dio fiebre y escalofríos. Intenté complacerlo pese a todo y él, enfadado y confundido, no pudo ocultar su nobleza. Me compró pastillas. Se quedó conmigo. Cuidó de mí.
Y cuida de mí desde entonces…
(He empezado a llorar)
Voy a echarlo mucho de menos.
6 comments:
Hola!
Voy a escribir bien Grande en un papel: MANDAR A LA MIERDA A CUALQUIER CABRON CUANDO NOS ESTA HACIENDO DAÑO y lo voy a pegar en mi espejo... Cada vez que me mire, ya sea para maquillarme o para ver si no se me corrió la máscara de pestañas por las lágrimas, veré aquella frase tan acertada... Esperemos que me la aprenda por cansancio
Con Cariño
Se parece demasiado a lo que he visto/vivido hace muy poco, dicen en mi casa una frase que quizás venga al caso: "tan bueno es mi Juan que no vale un carajo" y demasiadas veces me he visto en el papel de todos los juanes.
Llámale al menos para decirle que estás bien, yo al menos es lo que me hubiese gustado escuchar alguna vez de quiem ne hubiese gustado que me hubiera arancado el alma.
Buen fin de semana.
Pues en una relación tiene que haber pasión; Sino, no. Sobre todo al comienzo.
Y el sexo debe fluir naturalmente, Eso de me encuentro contigo para desvestirnos y hacer el amor, no va. Todo tiene que ser natural.
Luego la pasión baja y vienen otras cosas de pareja igualmente o más importantes que el sexo.
Que bacan es encamotarse con alguien no!!!.
Bueno, niña, a juzgar por lo que dices y cuentas, es el mejor compañero que has tenido en mucho tiempo...
A mí eso de la pasión también me tiene sin cuidado. O, al contrario, me mantiene alerta, pues llega un momento en que ya una no puede darse el lujo de saltar al vacío, por más que las novelas de autoayuda insistan y la psicología moderna recomiende.
Por cierto, ¿qué fue de tu redentor? El mío me pegó un plantón de lo lindo hace un mes y creo que lo merezco. En todo caso, siento esa historia ya muy lejana y es bueno saberse capaz de hacer daño, para tener más cuidado la próxima vez.
¡Un abrazote unificador para ti!
Parece que nada nos conforma, ni la pasion desenfrenada, n el dolor, ni el placer, ni la falta de placer, nada de nada, nada de nada de nada.
Si lo tienes que dejar por que es un cabron dejalo, sino deja que te siga cuidando.
Nos leemos,
Post a Comment