Sunday, September 13, 2009

Abstinencia II

A veces tengo la sensación de que S no me gusta, hormonalmente hablando. Me explico: he tenido compañeros sexuales más apasionados, con mejor performance. Las comparaciones son desagradables, lo sé, pero no puedo evitarlas a estas alturas en que me estoy planteando admitir que mi relación con S ha sido la más sólida y grata (sobre todo, grata) de todas las que he tenido, sin que ni él ni yo tengamos intenciones de coincidir en un futuro mediano.

Cuando estuve enamorada de mi ex novio peruano (el único chico al que puedo llamar “novio”, dada la cantidad de agua que ha pasado bajo el puente) pude experimentar el amor pasional que tan bien describen las novelas simples. Es lo que sucede cuando entendemos el amor en su sentido más negativo: total negación de uno mismo por el otro, dependencia, desgarro, celos, etcétera.

Si algo debo agradecerle a ese chico es el haberme permitido conocer todo eso de golpe. Aunque claro, la intensidad me hizo perder el sentido por mucho tiempo. Errores de novata. Me habría venido mejor iniciar mi vida sexual con un hombre comprensivo y seguro de sí, pero en fin, a escoger también se aprende tras las equivocaciones.

He conocido a S en un momento crítico: precisamente cuando decidía dejar de buscar una pareja y placebos varios, y apreciar otros aspectos de mi vida, otros afectos importantes y, sobre todo, a mí misma. No hace falta relatar aquí una etapa post traumática que me llevó a olvidar una cosa importantísima que todas las mujeres deberíamos saber hacer bien: Mandar a la mierda a cualquier cabrón cuando nos está haciendo daño. La repetición de un perfil masculino nocivo y la sucesión de malas experiencias, acompañados de desesperación por “tener a alguien”, son la combinación letal, el paso previo a admitir malos tratos emocionales y físicos como lo más normal del mundo. Y es demasiado fácil caer en ello.

Me encantaría ser mamá alguna vez, no lo niego, pero creo que he rebasado el límite. La mayoría de mis amigas del colegio, por ejemplo, ya están casadas y han empezado a reproducirse. Querámoslo o no, todas las mujeres del mismo entorno entramos en esa carrera que nos deja a “las rezagadas” un poco desacreditadas socialmente. Pero una vez traspasada la frontera, las personas aprendemos a valorar lo que tenemos por nosotras mismas y dejar de comprarnos con las demás.

S no es mi novio de verdad. Con él aún percibo el vacío del “sí, pero no”, y me da un poco de rabia no poder hincarle el diente a algo “concreto”. Pero ese querer suyo tan desinteresado y sincero, me anima a quererle también, y confiar en él. No llega a niveles ridículamente redentores de proponerme “amor pese a mis infidelidades” (que ya me ha pasado con algún buen hombre), pero está atento a mis problemas y necesidades, y siempre está dispuesto, con la cabeza fría, a ayudarme a salir de los berenjenales en los que suelo meterme.

S es mi amigo. He hecho un buen amigo. No me va a decir nada hiriente por e-mail cuando nos hayamos separado (seguramente antes lo haré yo, en alguna pataleta, pobre hombre), ni comentará cosas íntimas de nuestra relación con conocidos en común.

Como dije antes, nos desnudamos demasiado rápido y no lo hicimos de verdad. Esa noche en el hotel, ambos morimos un poquito. Él perdió toda concentración posible y a mí empezó a dolerme la garganta, me dio fiebre y escalofríos. Intenté complacerlo pese a todo y él, enfadado y confundido, no pudo ocultar su nobleza. Me compró pastillas. Se quedó conmigo. Cuidó de mí.

Y cuida de mí desde entonces…

(He empezado a llorar)

Voy a echarlo mucho de menos.