Sunday, May 09, 2010

Estoy a punto de... ¿serle infiel?

He quedado con un chico llamado G para mañana a la tarde, después de sendas jornadas laborales. S aún no lo sabe y no sé si debería decírselo. En un post anterior señalé: “mantengo una relación relativamente estable con S”, pero la verdad es que rompimos hace algún tiempo. Pocos días antes de que me tocara largarme, él me dijo: “No quiero que te vayas. Si te quedas, haré lo posible por ser más abierto”. Le dije que no me valía en tales circunstancias, que era un “te amo” en la pista de abordaje. Pero en fin, me quedé y esperé esa “apertura” que nunca llegó.

Somos amigos. Él es mi protector y compañero, estamos juntos la mayor parte del tiempo, nos damos besos desapasionados, andamos abrazados, le escucho, me escucha, nos mantenemos ajenos al daño que otras personas podrían hacernos. Le debo muchísimo y confío en poder compensarle alguna vez, cuando mi situación económica mejore. Espero quererle el resto de mi vida y jamás olvidarnos.

Pero se mantiene firme en su postura: tiene problemas consigo mismo y no, no me considera apta. Estoy cansada de eso, aunque afirma que no es culpa mía, que soy maravillosa, que soy lo mejor que le ha pasado en mucho tiempo, que le hago bien, que le aporto dulzura, afecto, que su trato es más cálido con los demás desde que me conoce, que esto y aquello...

Llevamos más de dos meses sin hacer el amor. Fui yo quien corté porque sentí que la relación no iba a ningún lado. Hace algunas semanas debí quedarme a dormir en su casa, por un atasco de metros, y conocí a su madre. La buena mujer, intuitiva, me preguntó: ¿Ustedes son amigos o algo más? Él, hecho una furia, le respondió: “Si hubiera algo qué contar, ya lo sabrías”...

Si mi corazón estaba herido para entonces, terminó de hacerse añicos. No esperaba que admitiera algún tipo de relación conmigo, pero tampoco que fuera tan duro...

Por supuesto, me ofreció disculpas luego del “caballazo” aquél, y yo sonreí, lo besé y le dije que le quería tanto, tanto, que no importaba. Él sabe que lo quiero.

Como ya dije, le debo mucho. Me causa ternura su modo de andar, su modo de hablar, sus manos enormes, sus ojos verdes, la manera en que me mira entristecido cuando estoy triste, sus abrazos fortísimos, su confianza en mi capacidad...

Pero no soy su novia, ni lo seré. No me visualiza en su futuro, no quiere quererme de ese modo, aunque me quiere, se preocupa por mí.

El otro día hablamos sobre nosotros, estuve a punto de abofetearlo, no sabía de qué otro modo hacerle reaccionar. Seguimos saliendo, conversando, dándonos besos secos. Continúa ayudándome, acompañándome, andando a mi lado, pero mantiene su posición de “local”, de “autóctono” respecto a una extranjera. No soy su novia, no lo seré.

Y yo, que he estado tranquila y me he mantenido leal a él, como un perro, tengo ganas de algo más, con alguien más. Y no hablo de amor, queridos míos. Hablo de deseo, de toma y da, apaga y vámonos, de una cana al aire que no es tal, dado que no me encuentro dentro de ninguna relación.

No entiendo por qué me siento tan mal.

Tuesday, May 04, 2010

Sobre guapas y feos


Luego de pensarlo mucho, he decidido no cerrar este blog, lo que no significa que sigo siendo una promiscua. Aunque no menosprecio tal estado emocional -y corpóreo-, creo en la libertad de elección. Hoy por hoy, no tengo muchas ganas de ir de aquí para allá y mantengo una relación bastante estable con el famoso S, aunque no estoy muy segura de que acabemos viviendo juntos. En todo caso, esas preocupaciones han pasado a segundo o incluso tercer plano, pues me encuentro en un momento bastante decisivo, y lo más inteligente ahora es concentrarme en mi desarrollo profesional.

Noto, sin embargo, que a veces suelo darle vueltas a dudas y recuerdos relacionados con los temas de este blog, con los motivos que me llevaron a abrir este blog. Así que, pasadas, presentes o futuras, aún hay historias para compartir.

Hoy sólo quiero hacer una reflexión acerca de aquella insistencia interesada en la “espiritualidad del querer”, enarbolada sobre todo por personas de estética “no convencional” (es decir, feas y feos). En mi entorno, que se jacta de trascendente e intenso, abundan esa clase de afirmaciones y juicios de valor. Suena mal decir directamente: “No me gusta porque es feo”, o “porque la tiene pequeña”, aunque sea justamente eso lo que estamos pensando.

El otro día discutí con un hombre al que aprecio mucho, quien ha tenido la pésima idea de sentirse enamorado de mí. Digo pésima, porque se trata de una persona de casi cincuenta años, es decir, suficientemente “adulto” como para no dejarse llevar por las primeras emociones que puede provocar la cercanía de una mujer desinhibida (en cuanto a trato de franca amistad). Habría sido más sensato de su parte admitir que me tiene ganas, pero “enamorarse” sin motivo, habiendo sufrido una reciente ruptura y estando solo en esta ciudad, no me parece honesto, ni maduro, ni ná.

¿Y quién soy yo para juzgar la forma que cada quién tiene de enamorarse? Buena pregunta. Sólo puedo decir que “no me huele bien”, aunque sus sentimientos sean sinceros. Quizás he pasado por demasiadas malas experiencias y me he acostumbrado a observar “más allá” del picor en la entrepierna y los latidos del corazón (que también tienen que ver con el dichoso picor, no nos hagamos los tontos), antes de admitir que una relación “podría funcionar”.

De todos modos, ya él ha dado un “paso en falso”, ha utilizado un arma que nunca debió utilizar para condicionarme emocionalmente. Me ha preguntado si acaso no puedo corresponderle porque él es feo, precediendo con esto una serie de suposiciones que ponen en duda mi capacidad de “amar espiritualmente”.

¡Qué sinvergüenza!, pienso yo. ¡Me está pidiendo un esfuerzo que él mismo no está haciendo! ¿Quiere que lo quiera pese a que lo percibo feo? Muy bien, ¿y acaso él “me quiere” encontrándome “fea” a mí? ¡De ninguna manera! Esto es algo que los hombres NUNCA entienden cuando se ven rechazados, creen que es una obligación nuestra corresponder a sus atenciones, aunque a nosotras no nos atraigan ni un poquito. Ponen cara de tristeza y, en tono de reproche, nos dicen: “Las mujeres tienen el control, porque son ellas las que deciden”. Pues sí, puede ser, pero es que la mayoría de las veces nos vemos obligadas a decidir entre opciones que nos son impuestas, tenemos que decir SÍ o NO a hombres que nos han escogido. Aún es mal visto en algunos ambientes que nosotras nos demos el lujo de escoger.

Y para colmo, tenemos que aguantar lamentos de amantes frustrados, carajo...

Piensen un poco, esto que he dicho es menos superficial de lo que parece. Y sí, creo sinceramente que el “amor” va más allá de “lo físico”, pero entre eso y la atracción pura, hay un trecho. Es cuestión de prudencia y tiempo.